martes, 18 de mayo de 2010

Huelga de Hambre de las Mujeres del Sindicato Mexicano de Electricistas




“Llegué aquí por mis hijos”

Alba Carosio
CEM UCV, Red La Araña Feminista - Venezuela

Allí en el Zócalo, donde el sol cae inclemente sobre el cemento y donde el pueblo mexicano ha realizado notables jornadas de protesta y participación se desarrolla la huelga de hambre de las y los electricistas de México. En octubre de 2009, el gobierno mexicano liquidó por decreto a la empresa estatal Luz y Fuerza del Centro (LFC),  que dejó a 44 mil trabajadoras y trabajadores desocupados; y justificó la determinación por considerar a la empresa un "inconveniente para el interés público" y la economía nacional. La medida fue acompañada por la ocupación de las más de 100 instalaciones de LFC por efectivos de la Policía Federal Preventiva.
Han tenido lugar jornadas de grandes movilizaciones, de recursos de negociación y recursos legales, que han encontrado un muro gubernamental. A partir del 1 de mayo de 2010, el SME comenzó una masiva huelga de hambre: se fueron incorporando trabajadores de 10 en 10, el día 7 de mayo ya había 70 hombres cuando se incorporaron 10 mujeres.
Las mujeres históricamente han servido de retaguardia para los huelguistas, compañeras, madres, novias son base material y emocional, se ocupan de la logística y del cuidado humano. La huelga de hambre es una forma de lucha basada en la resistencia, y toda resistencia necesita de apoyo para poder continuar. Por esto, y por convicción las compañeras de los trabajadores de SME están solidariamente en pie de lucha siendo soporte, aliento y sostén.
Pero otras mujeres, diez trabajadoras del SME están ahora en el Zócalo en una huelga de hambre, particularmente difícil para ellas. Sus compañeros las protegen, y entre ellas se animan, pero no tienen retaguardia como los huelguistas varones. La mayoría de ellas son jóvenes solteras, no tienen hijos. Dos de ellas tuvieron que dejar sus niños al cuidado de sus familias, y piensan que es mejor que los niños no vengan a verlas a la carpa donde habitan, para que no sufran con la separación. Una de ellas  se separó de su pareja, porque él no comprendía ni justificaba su lucha, le aconsejaba pactar y abandonar.
Para todas ellas, esta huelga de hambre es un asunto de dignidad. María Isabel de la Rosa López, María del Rocío Higuera, María del Carmen Hiedra Muñoz, María Dolores Juárez García, María del Carmen Mendoza Hernández, María Celia Jiménez Hernández, María Guadalupe Vázquez Guzmán, Beatriz Juárez García, Natividad Dávila Martínez y Carolina Cortez Camarillo expresan un gran enojo contra el gobierno de Calderón, no solamente porque les quitó su trabajo, sino porque difamó a trabajadoras y trabajadores electricistas: promovió una leyenda negra según la cual ellas y ellos tienen la culpa por reposeros, por flojos de pérdidas insostenibles que motivaron la liquidación de la empresa. Ellas, las huelguistas, se sienten acorraladas pero sobre todo humilladas, muchas personas las miran con desprecio, las culpan, se han convertido en trabajadoras y trabajadores vetados para otras empresas, sus posibilidades de conseguir nuevos trabajos están bloqueadas, son perseguidos por miradas acusadoras y desprecio público fomentado por la estrategia gubernamental.
Los medios de comunicación se dedican a presentarlas y presentarlos como violadores de derechos, saboteadores, sindicalistas corruptos, culpables de problemas eléctricos de las poblaciones. Y por eso, las mujeres electricistas, que ganaron su espacio en un ambiente duro y machista como el que impera en el sector eléctrico, muestran  fortaleza y afirman que seguirán en el Zócalo hasta que sean oídas, hasta recuperar su trabajo. Declaran que se trata de una lucha por sus hijos, por el mundo que le dejarán, por un mundo en que la justicia no sea imposible. Mientras tanto transcurre su vida en las carpas que ha instalado el SME, reciben visitas de solidaridad nacional e internacional, el ambiente es comunal y organizado, el esfuerzo es cotidiano y complementario, la moral está alta y la hermandad entre todas y todos cultivan la esperanza.
Caracas, 14 de mayo

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