viernes, 23 de octubre de 2009

60º Aniversario de la Revolucion China

19 de octubre de 2009

Historia

En un especialmente nervioso Partido Comunista Chino (PCCh) que presidió las celebraciones del 60º aniversario de la fundación de la República Popular China el 1 de Octubre. El régimen es cada vez más dependiente de la pompa al estilo Olímpico para apuntalar su aceptación, y a pesar de décadas de crecimiento económico sin precedentes ahora se enfrenta a un descontento creciente entre los trabajadores, campesinos y jóvenes.

Vincent Kolo, de chinaworker.info, trata en este artículo la naturaleza de la revolución china de 1949. Un próximo artículo en The Socialist, periódico del Partido Socialista (CIT en Inglaterra y Gales) se centrará en la situación actual de China.

60º aniversario de la Revolución China

El capitalismo ha sido abolido, pero el poder permanece en manos del estalinista Partido Comunista


Vincent Kolo, chinaworker.info


Mao Zedong, que llevó al PCCh al poder hace 60 años, es considerado el fundador de la nación, pero la visión oficial en la actualidad es que sus políticas eran de ‘ultra-izquierda’ y necesitaban ser corregidas por el giro hacia el mercado de su sucesor Deng Xiaoping en 1978. Para aprender la verdadera historia de la revolución china, debemos buscar, por lo tanto, en otra parte.
El PCCh no llegó al poder como cabeza de un movimiento obrero. Con su visión y métodos estalinistas, inicialmente apoyó una agenda relativamente limitada para establecer una ‘nueva democracia’ manteniendo una economía capitalista. Pero casi a pesar de sí mismo, el PCCh fue arrojado hacia adelante por una de las más poderosas olas revolucionarias de la historia.
Fue este fervor revolucionario de masas, dentro del marco internacional que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, el que empujó el régimen de Mao a introducir reformas que transformaron China de manera fundamental.

China había sido conocida por un largo período como el ‘enfermo de Asia’ – era pobre incluso para los estándares de Asia en ese momento. Con una población enorme (475 millones en 1949) fue el mayor ‘estado fracasado’ del mundo durante casi medio siglo.
De 1911 a 1949 fue despedazada entre señores de la guerra rivales, con un gobierno central corrupto, y acosada por potencias extranjeras. Terminar con la humillación de las aduanas extranjeras y el estacionamiento de ejércitos imperialistas en suelo chino fue sólo una de las ganancias prácticas de la revolución. El régimen de Mao también introdujo una de las reformas agrarias de más alcance en la historia del mundo – no siendo tan grande como Rusia, pero implicando en la reforma a una población rural 4 veces más grande.

Revolución Agraria

Esta revolución agraria, como apunta el historiador Maurice Meisner, destruyó la clase social china de los “caballeros-señores feudales”, eliminando finalmente una de las clases dirigentes de más largo recorrido en la historia mundial, y que durante mucho tiempo había sido el mayor impedimento para el resurgimiento y la modernización de China.
En 1950, el gobierno de Mao proclamó la Ley de Matrimonio que prohibió los matrimonios concertados, el concubinato y la bigamia, e hizo el divorcio más sencillo para ambos sexos. Este fue uno de las más dramáticas sacudidas en el campo de las relaciones maritales y familiares realizadas por un gobierno.

Cuando el PCCh tomó el poder, cuatro quintas partes de la población eran analfabetas. Esto fue reducido a menos del 10% en 1976, cuando Mao falleció. Reflejando este tremendo retraso, había solamente 83 bibliotecas públicas en toda China en 1949 y solamente 80,000 camas hospitalarias. En 1975, había 1,250 bibliotecas y 1.6 millones de camas hospitalarias.
La esperanza de vida, de sólo 35 años en 1949, subió a 65 años en el mismo periodo. Innovaciones en el sistema público de salud y educación, la reforma (simplificación) del alfabeto escrito, y más tarde la red de ‘doctores descalzos’ que cubrían la mayor parte de los pueblos, transformaron las condiciones de los pobres en los medios rurales. Estos logros, en un tiempo en el que China era mucho más pobre que ahora, son una denuncia de la crisis actual en salud y educación, resultado de su comercialización y privatización.

La abolición del feudalismo fue una condición crucial para lanzar a China en el camino de la modernización industrial. Al principio el régimen de Mao puso sus esperanzas en una alianza con secciones del capitalismo, y dejar secciones significativas de la economía en manos privadas. Sin embargo, hacia la mitad de la década de 1950, había sido forzado a completar el proceso, expropiando incluso a los “capitalistas patrióticos” e incorporando sus negocios a un plan estatal modelado según el sistema burocrático de la Unión Soviética.
Comparado con un régimen genuino de democracia de los trabajadores, el plan maoísta-estalinista fue un instrumento más bien abotargado, para a pesar de todo era un instrumento incomparablemente más vital que el corrupto capitalismo chino.

Dada la baja base de la economía china al inicio del proceso, la industrialización conseguida durante la fase de economía planeada fue realmente sorprendente. Desde 1952 a 1978, el porcentaje de la industria en el PIB creció del 10 al 35% (Observatorio de la OCDE de 1999). Esta es una de las tasas de crecimiento industrial más rápidas que jamás se han alcanzado, mayor que la de Gran Bretaña en 1801-41 o Japón en 1882-1927. En este periodo China creó fábricas aeronáuticas, nucleares, marítimas, automovilísticas y de maquinaria pesada. El PIB teniendo en cuenta el poder de compra creció un 200% y la renta per cápita un 80%.

Comparando Revoluciones

Las dos grandes revoluciones del último siglo, la rusa (1917) y la china (1949), hicieron más por dar forma al mundo en el que vivimos hoy que cualquier otro acontecimiento en la historia de la humanidad. Ambos son el resultado de la completa incapacidad del capitalismo y el imperialismo para resolver los problemas fundamentales de la humanidad. Ambos son movimientos de masas de una escala épica, no golpes militares como muchos políticos e historiadores capitalistas aseveran.

El sistema social establecido por Mao estaba más cercano al estalinismo que al socialismo. El aislamiento de la Revolución Rusa que siguió a la derrota de los movimientos revolucionarios en Europa y otras regiones en los años 1920 y 30, condujo a un auge de la burocracia conservadora bajo Stalin, que se apoyó sobre una economía dirigida de la que extraía su poder y sus privilegios.
Todos los elementos de democracia de los trabajadores – gestión y control a través de representantes electos y abolición de privilegios – fueron aplastados.

Aún así, como explicó León Trotsky, una economía planeada necesita un control democrático de los trabajadores como el cuerpo humano necesita el oxígeno. Sin esto, bajo un régimen de dictadura burocrática, el potencial de una economía planeada puede ser desperdiciado y, en último lugar, como se comprobó hace dos décadas, todo el edificio corre el peligro de derrumbarse.

Con todo, fue este modelo estalinista el que el PCCh adoptó cuando tomó el poder en 1949. Aunque había un clamor por un auténtico socialismo, la existencia de una alternativa económica al sistema capitalista, y las visibles ganancias que ésta concedía a las masas, ejercieron un poderoso efecto de radicalización en la política mundial.

China y Rusia, en virtud de sus economías planeadas, jugaron un papel en forzar al capitalismo e imperialismo a hacer concesiones, particularmente en Europa y Asia.
La revolución china incrementó la presión en las potencias imperialistas europeas para que salieran de sus colonias en el hemisferio Sur. También causó que el imperialismo norteamericano patrocinara la rápida industrialización de Japón, Taiwan, Hong Kong y Corea del Sur y usara estos estados para amortiguar la expansión de la revolución, ya que se temía que se siguiera el ejemplo chino.

Mientras que las revoluciones tanto de Rusia como de China fueron dirigidas por partidos comunistas de masas, hubo diferencias fundamentales entre ellas en aspectos como el programa, los métodos y, sobre todo, por su base social. La Revolución Rusa de 1917 tuvo un carácter proletario – un factor de una importancia decisiva.

Éste la dotó de independencia política y valentía histórica para lanzarla sobre un camino jamás transitado antes. Los líderes de esta revolución, sobre todo Lenin y Trotsky, eran internacionalistas y veían la revolución como la abertura a una revolución socialista mundial.
Por el contrario, la mayoría de los líderes del PCCh fueron en realidad nacionalistas, con solamente un fino chapado de internacionalismo. Esto correspondía con la base campesina de la revolución china. Lenin comentó que el campesinado es la menos internacional de todas las clases. Su dispersión y aislamiento les imbuye de una visión parroquial, y ni siquiera aspiran a una perspectiva nacional en muchos casos.

En lugar de un movimiento obrero de masas, consejos de trabajadores electos – las fuerzas motoras de la Revolución Rusa – y de la existencia de un partido obrero marxista democrático, los Bolcheviques; en China fue el Ejército de Liberación Popular (ELP), con base campesina, el que tomó el poder. La clase obrera no jugó ningún papel, e incluso recibió órdenes de no organizar huelgas o manifestaciones, sino de esperar a la llegada del ELP a las ciudades.

Aunque el campesinado es capaz de un gran heroísmo revolucionario, como mostró la historia del Ejército Rojo/ELP en su lucha contra Japón y contra el régimen dictatorial de Jiang Jieshi (Chiang Kai-shek), no es capaz de jugar un papel independiente. De la misma manera que la señalización a los pueblos parte de las ciudades, políticamente el campesinado apoya una u otra de las clases urbanas – la clase obrera o los capitalistas.

En China, las ciudades no movieron al campo, sino que el PCCh llegó al poder a través de la construcción de un movimiento de masas entre los campesinos, y después ocupando las ciudades, mayormente pasivas y cansadas por la guerra. La base de clase de la revolución significó que ésta podía imitar un modelo social existente, pero no crear uno nuevo.

“Teoría de las Etapas”

La orientación campesina del PCCh partió de la terrible derrota en la revolución de 1925-27, causada por la “teoría de las etapas” de la Internacional Comunista bajo el poder de Stalin. Éste sostenía que porque China se encontraba solamente en la etapa de la revolución burguesa, los comunistas debían estar preparados para apoyar y servir al burgués Partido Nacionalista (Guomindang) de Jiang Jieshi. La joven e impresionante base del PCCh, fue brutalmente aplastada.

Represión de la revolución por las tropas de Jiang Jieshi

Pero mientras que una minoría trotskista significativa se formó después de este derrota, llegando a las correctas conclusiones de que la clase obrera, y no el capitalismo, debía liderar la revolución china, la mayoría de los líderes del PCCh sostuvieron el concepto de las etapas de Stalin, aunque irónicamente rompieron en práctica con él después de tomar el poder en 1949.
Por lo tanto, al final de los años 1920, el mayor grupo de los cuadros del PCCh, en su mayoría de la “intelligentsia”, continuaron con esta idea equivocada y pseudo-marxista de la lucha de guerrillas en el campo. Chen Duxiu, el fundador del PCCh, y más adelante partidario y colaborador de Trotsky, advirtió al PCCh que corría el riesgo de degenerar en una “conciencia campesina” – juicio que acabó siendo profético. Hacia 1930, solamente el 1,6% de los miembros del partido eran trabajadores, comparado con el 58% en 1927.

Esta composición por clases permaneció prácticamente sin cambios hasta que el partido ganó el poder en 1949, fluyendo automáticamente de la atención prestada por el liderazgo del partido al campesinado, y su rechazo de los centros urbanos como principal arena de la lucha.
Acompañando a esto, se dio un incremento de la burocratización del partido, el reemplazo del debate interno y la democracia por un régimen de órdenes y purgas, y el culto a la personalidad de Mao – todo copiado de los métodos estalinistas de liderazgo.

Un entorno campesino y una lucha mayormente militar conducen mucho más decisivamente al crecimiento de la burocracia que un partido inmerso en las luchas de las masas obreras. Por lo tanto, mientras que la Revolución Rusa degeneró bajo condiciones históricas desfavorables, la Revolución China fue desfigurada burocráticamente desde su comienzo. Esto explica la naturaleza contradictoria del maoísmo, con importantes ganancias sociales paralelas a una represión brutal y un gobierno dictatorial.

Guerra de Ocupación

Cuando la guerra japonesa de ocupación terminó en 1945, el imperialismo norteamericano fue incapaz de imponer su propia solución en China. El ánimo de “traer a las tropas de vuelta a casa” era demasiado poderoso. Por lo tanto, los EEUU no tuvieron otra opción que apoyar el corrupto e impresionantemente incompetente gobierno de Jiang Jieshi con cantidades masivas de ayuda y armamento.

Que Washington tenía poca confianza en el Guomindang fue mostrado por el presidente Truman cuando éste señaló años más tarde: “Eran ladrones, todos y cada uno de esos malditos. Robaron 750 millones de dólares de los billones que enviamos a Jiang”.
Para las masas, el régimen nacionalista era un desastre no mitigado. Éste ha sido en gran parte olvidado hoy, y de ahí el grotesco fenómeno en China de que el Guomindang retenga un apoyo masivo, especialmente entre los jóvenes y las clases medias.
En los últimos años del régimen del Goumindang había informes desde varias ciudades de “gente hambrienta sin atención y muriendo en las calles”. Las fábricas y talleres cerraron debido a la falta de suministros o porque los trabajadores estaban demasiado debilitados por el hambre. Ejecuciones sumarias llevadas a cabo por agentes del gobierno y crimen desenfrenado cometido por bandas eran la norma en las grandes ciudades.

Además de la reforma agraria introducida en las áreas que había liberado, el mayor activo del PCCh fue el odio al Guomindang. Esto también llevó a deserciones en masas de las tropas de Jiang hacia el lado del Ejército Rojo/ELP. Desde el otoño de 1948, con algunas pocas excepciones, los ejércitos de Mao avanzaban sin ninguna oposición seria.

En una ciudad tras otra, las fuerzas de Guomindang se rendían, desertaban u organizaban rebeliones para unirse al ELP. En efecto, el régimen de Jiang, se podrió desde su interior, presentando unas circunstancias excepcionalmente favorables al PCCh. Posteriores movimientos maoístas de guerrilla (en Malasia, las Filipinas, Perú y el Nepal) que han intentado reproducir el éxito de Mao no han sido tan afortunados.

Huelgas Obreras

Con una política genuinamente marxista, el derrocamiento del Guomindang casi sin duda podría haberse alcanzado más rápida y menos dolorosamente.
Desde septiembre de 1945, siguiendo el derrumbe militar de Japón, hasta finales de 1946, los trabajadores en las mayores ciudades crearon una magnífica ola de huelgas, con 200,000 en huelga en Shangai. Los estudiantes también inundaron las calles en un movimiento de masas a nivel nacional que reflejaba la radicalización de las capas medias de la sociedad.
Los estudiantes demandaban democracia y se oponían a la movilización militar del Guomindang para la guerra civil contra el PCCh. Los trabajadores demandaban el derecho a formar sindicatos y un final al congelamiento de los salarios.

En lugar de dar un liderazgo a este movimiento, el PCCh le echó el freno, pidiendo a las masas no llegar a los “extremos” en su lucha. En este momento, Mao todavía estaba casado con esta idea de un “frente unido” con la “burguesía nacional”, que no debía ser agitada por la militancia de la
clase obrera.

Los estudiantes fueron simplemente usados como una pieza de negociación por el PCCh para ejercer presión sobre Jiang y entrar en negociaciones de paz. El PCCh hizo todo lo posible para mantener las luchas de los trabajadores y los estudiantes separadas.
Las inevitables leyes de la lucha de clases son tales que estas limitaciones en el movimiento produjeron su derrota y desmoralización. Muchos estudiantes y trabajadores activistas fueron barridos por la subsecuente ola de represión del Guomindang. Algunos fueron ejecutados.
Una oportunidad histórica fue perdida, prolongando la vida de la dictadura de Jiang y dejando a las masas urbanas en gran parte pasivas durante el resto de la guerra civil.

Después de la Revolución

Mao dejó escrito en 1940 sobre el mantenimiento de la teoría de las etapas de Stalin: “La revolución china en su etapa actual no es aún una revolución socialista para derrocar el capitalismo, sino una revolución burguesa-democrática, cuya tarea central es combatir el imperialismo extranjero y el feudalismo doméstico.” (Mao Zedong, Sobre la Nueva Democracia, enero 1940).

Mao Zedong

Para lograr un bloque con los capitalistas “progresistas” o “patrióticos”, Mao limitó la reforma agraria (tan tarde como en otoño de 1950 esta había sido llevada a cabo solamente en un tercio de China). Además, mientras los negocios de los “capitalistas burocráticos” – oficiales del Guomindang – fueron nacionalizados inmediatamente, capitalistas privados retuvieron el control y en 1953 suponían el 37% del PIB.

La Guerra de Corea, que estalló en junio de 1950, supuso un test crucial. La guerra trajo una escalada de la presión de los EEUU, sanciones económicas, e incluso la amenaza de un ataque nuclear sobre China.

La guerra y la radical polarización mundial que la acompañó (la “guerra fría” entre la Unión Soviética y los EEUU) significó que el régimen de Mao, para poder permanecer en el poder, no tuvo otra opción que completar la transformación social, acelerando la reforma agraria y extendiendo su control sobre todo el país.
La Revolución China fue, por lo tanto, una revolución paradójica e inacabada, que trajo un progreso social monumental, pero también creó una monstruosa dictadura burocrática cuyos poderes y privilegios minaron cada vez más el potencial de la economía planeada.

Cuando Mao falleció, el régimen estaba profundamente fragmentado y en crisis, y temiendo que agitaciones de masas barrieran su poder.

Descontento contra los sucesores de Mao en ascenso

Cuando los líderes chinos presenciaron el gran desfile militar del 1 de Octubre, sus pensamientos puede que estuvieran en los problemas crecientes a los que se están enfrentando mientras que la crisis global del capitalismo golpea. El mayor laboratorio de ideas del gobierno señala que 41 millones de puestos de trabajo fueron perdidos en el último año en China mientras que las exportaciones bajaron (un 23% este año). Las luchas obreras han aumentado en un 30% en el mismo periodo.

Las inquietudes del régimen se mostraron con su decisión de limitar los participantes de este año en las celebraciones del Día Nacional a 200,000 – un millón de personas participaron en las celebraciones de hace 20 años. Pekín también ha prohibido las celebraciones y desfiles en las provincias. ¿La razón? Están aterrorizados por la posibilidad de que estos eventos puedan ser aprovechados o den lugar a un aumento de protestas anti-gubernamentales. No es solamente en la mayoritariamente musulmana región de Xinjiang donde el régimen se enfrenta a un creciente movimiento de oposición (tanto los musulmanes Uighurs como los chinos Han, por diferentes razones, han realizado fuertes protestas anti-gubernamentales recientemente).

Estudiantes de dos de las universidades de Pekín han boicoteado sus rigurosos planes de entrenamiento para la ceremonia oficial del 1 de Octubre e incluso algunos han quemado sus trajes ceremoniales. Un comentario contra el gobierno que se hizo popular en diferentes páginas de Internet dice: “Es vuestro cumpleaños, ¿qué tiene eso que ver conmigo?” Muchos jóvenes se han vuelto crudamente anti-comunistas, apoyando al capitalismo global, al considerar que de alguna manera es una alternativa al régimen actual. Otros han girado hacia el legado de Mao, que ellos consideran que ha sido completamente traicionado por el régimen presente. Dentro de esta creciente turbulencia social y política, los genuinos marxistas están intentando, a través del sitio web chinaworker.info y otras publicaciones, ganar el apoyo para un socialismo democrático a escala mundial.

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