miércoles, 7 de mayo de 2008

Tesis del Buró Europeo del CIT

Crisis económica mundial

La presente coyuntura mundial está caracterizada por el peor escenario económico del capitalismo desde la Gran Depresión de los años treinta. Ello, a su vez, ha agravado la ya debilitada posición de la potencia mundial dominante, el imperialismo estadounidense. Si a esto se suman las nefastas consecuencias de la guerra de Iraq, se prepara el terreno para convulsiones políticas y una transformación esencial en la geopolítica del próximo periodo.

El CIT presagió, a grandes rasgos, la actual situación económica. Trazó la evolución del capitalismo mundial en el periodo reciente y la inevitabilidad de una crisis, que golpearía en primer lugar al sector financiero, con grandes repercusiones en la llamada "economía real". Los mismos factores –la globalización capitalista y el crecimiento del comercio internacional– que contribuyeron a impulsar la recuperación económica, han propiciado ahora lo contrario al internacionalizar la crisis. Dado el carácter no planificado del capitalismo, nadie –ni siquiera el marxista más perspicaz– es capaz de predecir la duración o la magnitud de las crisis. No obstante, el CIT sostuvo, frente a un escepticismo extremo (a veces secundado entre nuestras filas), que la inminente crisis sería más profunda y duraría más que cualquier otra experimentada anteriormente desde 1945.

La recesión de Estados Unidos –que es lo que realmente es– ya se ha encargado de confirmar este pronóstico. En cualquier caso, nosotros hemos sido cautos respecto al carácter de esta recesión. No así los portavoces y ex ídolos del capitalismo internacional. Warren Buffett, el hombre más rico del mundo, declara sin rodeos que Estados Unidos ya está inmerso en la recesión. Alan Greenspan, presidente del Sistema de Reserva Federal estadounidense durante el boom y, por tanto, oráculo infalible, ahora pasa a considerarse un falso dios –un "inflador de burbujas en serie"– . También él ha afirmado abiertamente que Estados Unidos afronta el "crecimiento cero".

Los indicadores económicos de Estados Unidos se han desplomado no sólo en el sector financiero sino también en la industria (consultar Socialism Today y the socialist para un análisis más exhaustivo). Estados que conforman un quinto de la economía del país se hallan sumidos en la recesión y, de acuerdo con el economista burgués Nouriel Roubini, esto podría convertirse con bastante facilidad en una depresión. Los costes estimados de la crisis subprime, junto con los del rescate financiero de las aseguradoras monolínea en curso, así como las pérdidas en préstamos para coches, préstamos comerciales, tarjetas de crédito, etc., podrían – según él– situarse entre 1 billón y casi 3 billones de dólares. Existen abundantes datos y cifras en las publicaciones y el sitio web del CIT, pero el detalle que ofrece Roubini sobre el potencial derrumbe es suficiente para quitarle el sueño a la burguesía. El 5 de febrero escribía de esta forma:

"Para comprender los riesgos a los que el sistema financiero está expuesto hoy, presento un escenario `de pesadilla' o `catastrófico' que está preocupando a la Reserva Federal y las instituciones financieras de todo el mundo. Este escenario –aun siendo extremo– tiene una probabilidad importante y en aumento de hacerse realidad. Es decir, no describe unos acontecimientos muy poco probables, sino un desenlace que es muy posible.

Comencemos por la recesión que está envolviendo ahora a la economía estadounidense. Supongamos –algo muy probable– que esta recesión, iniciada ya por diciembre de 2007, será peor que las moderadas –de 8 meses de duración– acontecidas en los años 1990-91 y 2001. La recesión de 2008 será más grave por diversos motivos: en primer lugar, tenemos la mayor quiebra inmobiliaria de la historia de Estados Unidos, con unos precios de vivienda que podrían caer entre un 20% y un 30%; en segundo lugar, la burbuja crediticia que ha ido más allá de las hipotecas sumada a la temeraria innovación y titularización inmobiliaria, harán que la actual quiebra crediticia desemboque en un grave credit crunch (crisis de liquidez); en tercer lugar, los hogares estadounidenses –cuyo consumo supera el 70% del PIB– han venido gastando muy por encima de sus posibilidades durante años, acumulando un enorme volumen de deuda, tanto en forma de hipotecas como de otros tipos; ahora que los precios de la vivienda descienden y se avecina una grave crisis de liquidez, el retraimiento en el consumo privado será grave y prolongado. Por tanto, supongamos que la recesión de 2008 durará al menos cuatro trimestres, y, posiblemente, hasta seis trimestres. ¿Cuáles serán las consecuencias de esto?

Estamos ante la peor recesión inmobiliaria de la historia de Estados Unidos, y no hay indicios de que vaya a tocar fondo en el futuro próximo. A estas alturas, está claro que los precios de la vivienda en Estados Unidos caerán entre un 20% y un 30% respecto a su inflado repunte; esto barrerá entre 4 y 5 billones de dólares de la riqueza de los hogares. Mientras que la debacle subprime puede causar cerca de 2,2 millones de ejecuciones hipotecarias, una caída del 30% en el valor de las viviendas implicaría que sobre 10 millones de hogares tuviesen un patrimonio negativo en casa, poderoso incentivo para recurrir al llamado jingle mail (acción que consiste en poner las llaves de la casa en un sobre y enviárselas al banco hipotecario). Además, bastante pronto unas cuantas constructoras de viviendas de gran envergadura entrarán en bancarrota y se sumarán a las docenas de constructoras menores ya en quiebra, propiciando así otra caída libre en los precios de las acciones de constructoras de viviendas, que se han disparado irracionalmente en las últimas semanas pese a una recesión inmobiliaria que se agrava."

El 29 de febrero `The Economist'añadió lo siguiente:

"Se trata de cantidades asombrosas que barrerían por completo todo el capital del sistema bancario de Estados Unidos y conducirían a una crisis bancaria sistémica. Así, en el peor de los escenarios posibles, si las pérdidas por hipotecas son de 1 billón de dólares (o, en un caso extremo, de 2 billones de dólares) en vez de la estimación actual de 300.000 millones de dólares, y si, además de estas pérdidas, las pérdidas crediticias adicionales por créditos al consumidor, propiedades inmobiliarias comerciales, préstamos apalancados, etc., suponen otros 700.000 millones, entonces las pérdidas totales del sistema financiero podrían ascender a, al menos, 1,7 billones de dólares (1 billón más 700.000 millones), y hasta 2,7 billones de dólares (2 billones más 700.000 millones). 1,7 billones de dólares supondrían un coste máximo de rescate fiscal cercano al 12% del PIB (y no al 7%), mientras que 2,7 billones supondrían un coste máximo de rescate fiscal de aproximadamente el 19% del PIB.

Un 12% del PIB no es calderilla y, definitivamente, un 19% del PIB es una cantidad desorbitada (diez veces mayor que el coste del rescate fiscal en la crisis de las entidades de "ahorros y préstamos"). Por supuesto, una parte de las pérdidas será asumida por los accionistas de los bancos y entidades financieras; pero un rescate fiscal justo y limpio del sistema financiero –que reduzca los costes fiscales– conllevaría, en primer lugar, la eliminación de todos los accionistas de estas entidades (dado que su capital/patrimonio neto queda completamente destruido por dichas pérdidas), y una nacionalización formal de buena parte del sistema bancario y financiero. Y, así, en un escenario como éste, nos debemos plantear de nuevo la pregunta: ¿cuáles son las implicaciones de una potencial nacionalización de buena parte del sistema financiero del país capitalista más avanzado del mundo?"

¡Exactamente! El temor a una situación tal ha incitado al Sistema de Reserva Federal, conjuntamente con otros bancos centrales, a intervenir en tres ocasiones a lo largo de los seis últimos meses. Esta institución propone una línea crediticia de 436.000 millones de dólares, en un intento desesperado de desbloquear el sistema de créditos –las arterias del capitalismo financiero moderno–, que amenaza, parafraseando a Marx, con "atascar" al sistema al completo. Nos encontramos apenas en las primeras fases de esta crisis en lo que respecta a Europa y el resto del mundo (Estados Unidos se encuentra ya en el decimoctavo mes de la crisis subprime). Esto es un tsunami económico y, al igual que el fenómeno natural de 2004, que tardó un tiempo en atravesar el Océano Índico hasta llegar a Sri Lanka e India, se produce un desfase temporal entre Estados Unidos y el resto del mundo. El efecto retardado no se medirá en horas, evidentemente, como en el caso del tsunami marino, sino en meses y, en algunas partes, posiblemente un año antes de que el impacto total se deje sentir en el resto del mundo.

El "catastrófico" escenario de Roubini es rebatido por gente como Martin Wolf, del Financial Times. Pero incluso éste último ha adelantado el probable escenario de una "pequeña depresión". Roubini contestaba así a sus dudas:

"Solía decirse `un millón aquí, un millón allá y pronto estaremos hablando de dinero abundante'. En este caso, tenemos que corregir el dicho: `un billón aquí, un billón allá y pronto estaremos hablando de cantidades desorbitadas de dinero y unos fabulosos costes de rescate fiscal'. Martin Wolf opina que una factura fiscal del 7% del PIB es modesta y asequible. Pero el análisis anterior sugiere que la factura fiscal derivada de rescatar un sistema bancario y financiero que padece una crisis sistémica, equivaldría a, al menos, un 12% del PIB, y hasta un 19% del PIB. Incluso para un país rico como Estados Unidos, el 19% del PIB (o 2,7 billones de dólares de deuda pública adicional) no es ni calderilla ni una `bagatela fiscal'. Y endosar a cada hogar estadounidense 30.000 dólares adicionales de deuda a perpetuidad tampoco es una carga menor. Y no lo es ni siquiera obviando los otros 10 billones de dólares de pérdidas en el patrimonio neto del sector privado estadounidense (caída del valor de los bienes inmuebles residenciales y bienes inmuebles comerciales, y del valor del mercado de valores) que conllevaría una severa recesión y crisis financiera."

El colapso de Bear Stearns, el banco estadounidense de inversión, viene a recalcar la magnitud de la crisis. Igual que hizo el Banco de Inglaterra con Northern Rock, el Sistema de Reserva Federal estadounidense ha nacionalizado este banco, que ocupa el quinto puesto entre los mayores bancos de inversión de Estados Unidos. Wolf se afana por convencer de que el rescate del sistema financiero no es lo mismo que el "capitalismo de amigotes" exhibido en las "economías emergentes" en la crisis financiera asiática de 1997. Roubini responde así: "Esto es efectivamente `capitalismo de amigotes' de la peor calaña, tan malo como el que azotó a las economías de mercado emergentes y produjo su grave crisis financiera en la última década."

El hecho en sí de que pueda producirse una riña pública –aunque "amistosa"– entre los más serios economistas burgueses acerca del futuro de su sistema da la medida de la probable gravedad de esta crisis. No se discute si se producirá una recesión, sino solamente cuál será su profundidad y duración en el tiempo. Sin embargo, no es probable que esta crisis sea de corta duración, sino, al contrario, durará más, será más profunda y tendrá probablemente unos efectos más graves que cualquiera de las recesiones acaecidas desde la II Guerra Mundial. Aun cuando la contracción económica alcance sólo la mitad de lo estimado por Roubini, será lo suficientemente grave como para provocar enormes convulsiones sociales y políticas.

Lecciones de Japón

Nuestra comparación entre la economía japonesa de la década de los noventa y la de Estados Unidos hoy está siendo ahora frecuentemente utilizada por los comentadores económicos burgueses. Japón estuvo en una trampa deflacionaria durante 12 años, consiguiendo escapar del empantanamiento sólo en el periodo inmediatamente anterior al comienzo de esta crisis. La burguesía japonesa recurrió a una serie de medidas de carácter cuasi keynesiano –incluso sugiriendo, en cierto momento, la llamada "teoría del helicóptero", la consistente en arrojar yenes a la población desde el aire–, todas en balde. Pero Japón se hallaba en una situación mucho más favorable que la de Estados Unidos actualmente, con sus ahorros acumulados a los que podía acudir para amortiguar los efectos de sus desgracias económicas, aunque no fueran suficientes para romper el Triángulo de las Bermudas financiero en el que estaba atrapado. Estados Unidos no cuenta con tales ventajas, es un país empeñado; su deuda con el resto del mundo es gigantesca. Además, el capitalismo extranjero, en particular el asiático liderado por China y Japón, ya ha tratado de rescatar la economía estadounidense usando sus enormes reservas para sellar los abismales déficits de Estados Unidos.

La burguesía de Estados Unidos, al tiempo que agradecía este salvavidas, impidió al capital procedente de China y Oriente Medio engullir grandes porciones de industria estadounidense en decadencia, por ejemplo, mediante el veto a la tentativa de Dubai de comprar puertos estadounidenses. Forzado ahora a apoyarse aún más en capital extranjero, Estados Unidos se ha visto obligado a suavizar las restricciones a que los activos domésticos sean adquiridos por "extranjeros", incluidos el Fondo de Riqueza Soberana chino y Oriente Medio, ésta última región fortalecida por sus enormes reservas de petrodólares. En cualquier caso, esto viene a subrayar la colosal fragilidad económica del imperialismo estadounidense y las contradicciones que de ello se desprenden.

Por otro lado, es probable que inminentes acontecimientos sigan socavando la posición de Estados Unidos. Si en un boom un factor económico actúa sobre los demás con un efecto de espiral ascendente, a la inversa, los factores negativos operan de igual forma reforzando un descenso, una recesión o una depresión. La crisis subprime ha provocado una crisis bancaria, que, a su vez, ha provocado una crisis de liquidez –incluida una crisis interbancaria– y, ahora, un "colapso crediticio", en palabras del ex economista en jefe del FMI, Kenneth Rogoff. Esto, a su vez, ha interactuado con otros ámbitos del sector financiero, lo que está reaccionando ahora sobre la economía real de Estados Unidos, y lo seguirá haciendo aún más en el próximo periodo.

Los factores geopolíticos también han alimentado esta situación, sobre todo la catástrofe de Iraq. La declaración formal de independencia por parte de Kosovo también podría desatar una reanudación de la guerra civil en los Balcanes. Los neoconservadores realizaron un cálculo preliminar antes de la invasión de Iraq y concluyeron que el país poseía al menos 12 billones de dólares en concepto de reservas de petróleo sin explotar. Incluso aunque la guerra fuera a costar 1 billón de dólares, `apuntando por lo alto', éste sería un precio `que valdría la pena pagar'. El barato petróleo iraquí fertilizaría un renacimiento económico mundial, al tiempo que permitiría a Estados Unidos y sus aliados quebrar el poder de la OPEP –argumentaban–, bajando el precio del crudo a 10 dólares, o incluso 6 dólares por barril. Se derribaría a Hugo Chávez, con el aliciente añadido de que los mulás iraníes también "morderían el polvo". Sin embargo, parafraseando al poeta escocés Robbie Burns, "los planes mejor trazados de hombres y ratones a menudo se tuercen." Los precios del petróleo han alcanzado un nivel récord: 110 dólares el barril en el momento de escribir estas líneas. También se ha producido una desbandada al oro –ahora a valores históricos que rondan los 1.000 dólares la onza– como depositario seguro de valor, tal como opinaba Marx. La escalada en los precios del petróleo agrava los problemas económicos del capitalismo internacional. Todas las recesiones desde 1945 han venido precedidas de un incremento en el precio del petróleo.

Iraq

Pese a las pretensiones de "éxito" por parte de Bush y su procónsul Petraeus, la "avanzada" de tropas en Iraq no ha conseguido sus objetivos. Las bajas del lado estadounidense descendieron en el inicio –han vuelto a aumentar en el reciente periodo–, en gran parte porque Estados Unidos financió a milicias sunitas, que previamente apoyaban y mantenían a Al Qaeda, para que atacasen a sus ex aliados. Iraq se encuentra, no obstante, más dividido que nunca, con las milicias sunitas y chiítas sangrientamente irreconciliadas entre sí y con los ocupantes estadounidenses. Cuando el ejército estadounidense se vean forzadas a retirarse, incluso a las bases regionales que han planeado, las divisiones y tensiones étnicas latentes podrían desencadenar de nuevo una guerra civil entre sunitas y chiítas. Incluso aunque Iraq no se desmiembre completamente, podría terminar como Líbano: un entramado de esferas de influencia y enclaves étnicos que compiten cruentamente entre sí. Los kurdos fueron el único sector de la población iraquí que ofreció refuerzos no cualificados a la invasión estadounidense. Nosotros advertimos en su momento de que Estados Unidos traicionaría a los kurdos cuando sus intereses vitales entrasen en juego. Esto ha quedado demostrado en la invasión turca del Kurdistán, consentida por el régimen de Bush, que previamente había declarado "organización terrorista" al PKK.

Turquía es, en última instancia, un puntal más importante para Estados Unidos en la región que la entidad kurda en el norte de Iraq. El partido de Erdogan, Justicia y Desarrollo (AKP), ha procurado enfundarse los colores de una versión islámica de la democracia cristiana alemana, vinculada a la religión pero autoproclamada "democrática". Había llegado, incluso, a atraer cada vez más apoyo de la minoría kurda existente en Turquía, pero ese apoyo ha quedado gravemente minado por la invasión. Es probable que, a partir de ahora, el conflicto con los kurdos se intensifique dentro de Turquía, y se podría propagar a países vecinos con poblaciones kurdas considerables, como Siria, Irán y la zona septentrional del mismo Iraq.

Además, los ya catastróficos costes que la invasión militar de Iraq ha supuesto a Estados Unidos y su legado, han escalado exponencialmente, como ha apuntado el ex economista en jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz. Éste ha argumentado de manera convincente en un libro recién publicado que el coste último rondará los 3 billones de dólares, una cifra incluso dos o tres veces mayor que la del "escenario apocalíptico" del balance general propuesto en el momento de la invasión. ¡Diez días de gasto estadounidense en Iraq equivalen a la ayuda total anual de Estados Unidos a África! Dado el subyacente debilitamiento de la economía estadounidense, se plantea el dilema de cómo sostener su hinchado gasto militar.

Se han establecido comparaciones entre Estados Unidos y el Imperio Romano. Secundando a Fidel Castro y Hugo Chávez, son muchos en el mundo neocolonial los que se refieren a Estados Unidos como "el imperio", sin más. Incluso comentadores burgueses –como sabemos–, especialmente los neocons, se han mostrado satisfechos con esta comparación, ya que previamente implicaba una continuación del ilimitado poderío militar, que permitiría a Estados Unidos imponer su voluntad sobre el resto del mundo. Esta era la concepción predominante cuando Estados Unidos se presentaba como implacable tras los sucesos del 11 de septiembre, primero en Afganistán y luego con la campaña de "conmoción y terror" de la fase inicial de la invasión a Iraq. Sin embargo, la guerra puso sobre la mesa las rivalidades interimperialistas que se habían gestado en el periodo previo. No debemos olvidar que el imperialismo estadounidense se las arregló para imponer a sus aliados –notablemente Japón, Alemania y Arabia Saudí– que financiaran la primera guerra del Golfo a principios de los noventa. En una situación completamente distinta en el mundo actual, con la mitad de los gobiernos europeos y una aplastante mayoría de la población del continente en contra de la camarilla de Bush y su guerra, Estados Unidos no disfrutaba de la misma posición a la hora de conseguir que los demás pagasen la cuenta. El consecuente lastre masivo impuesto a la economía estadounidense ha sido, sin duda, un factor adicional, como defiende Stiglitz, en el agravamiento de los problemas económicos de Estados Unidos y, por ende, del capitalismo internacional.

Irán

Pero cuanto más se hunde Estados Unidos en el pantano de Iraq, más aventureros se vuelven Bush y su séquito. No se descarta que el bombardeo de Irán tenga lugar antes de que su moribundo régimen desaparezca de la escena de la historia. Los radicales iraníes seguidores de Ahmadinejad han salido fortalecidos por las sanciones impuestas a Irán por negarse a cumplir con las exigencias de abandonar su programa nuclear. Esto se ha hecho patente en las "elecciones" iraníes, en las que las fuerzas fundamentalistas radicales tras el líder supremo Jamenei y Ahmadinejad se han afianzado pese a los altos niveles de desempleo y pobreza que persisten. Una advertencia de las consecuencias del bombardeo de Irán ha llegado con la renuncia del almirante William Fallon, jefe de las tropas estadounidenses en Iraq y Afganistán. Este gesto es un indicio de que una aplastante mayoría de los altos rangos militares estadounidenses tienen claro que su país no puede librar dos guerras substanciales al mismo tiempo. El bombardeo de Irán conduciría a un agravamiento, como mínimo, del embrollo de Oriente Medio. Irán también intervendría con mucha más fuerza en Iraq, lo que podría hacer añicos la frágil "unidad" del país, dividiéndolo en tres entidades independientes. Este panorama llevaría también, con casi total certeza, a una escalada en la confrontación entre Hezbolá e Israel, que, avivada por el empeoramiento de la posición de los palestinos y el punto muerto de Annapolis, podría desembocar en una nueva guerra de Oriente Medio. Esto, a su vez, pondría en peligro los planes de Estados Unidos de mantener bases en la región como plataformas de lanzamiento para la defensa de los recursos petrolíferos de Oriente Medio y de los regímenes que protegen sus intereses, que siguen siendo vitales para lubricar la economía estadounidense e internacional.

Imperialismo estadounidense

Al mismo tiempo, independientemente de quién se haga con la presidencia en las elecciones de noviembre, el imperialismo estadounidense, en tanto que primera potencia militar así como todavía primera potencia económica residual, se verá obligado a retractarse de la política unilateral de la era Bush. El mundo unipolar de los neocons ha desaparecido para ser reemplazado por una política más "consensuada", más "multipolar", que probablemente adopte el ganador, quienquiera que sea. McCain, el candidato republicano, es un halcón de los asuntos internacionales –ha declarado que se quedaría en Iraq por cien años– y supuestamente "liberal" en las cuestiones nacionales. Es improbable que gane, teniendo en cuenta la catástrofe económica con la que ahora está firmemente asociado el régimen de Bush en las mentes de los ciudadanos estadounidenses.

El 78% de la población cree que Estados Unidos "está en el camino equivocado". Al igual que los tories británicos de la era post-Thatcher, los republicanos llevan la marca de Caín por culpa de los desastres de Bush. Consecuentemente, lo más probable es que los demócratas hereden el desorden, tanto nacional como internacional, que este presidente ha dejado tras de sí. Su política a escala internacional estará definida por los reveses del imperialismo estadounidense de los últimos ocho años. No tienen más alternativa, en tanto que principal potencia económica y militar, que continuar interviniendo en todo el mundo, pero desde una posición debilitada. El llamado "imperialismo liberal benevolente" se convertirá en la nueva doctrina. Estados Unidos se podrá seguir comparando con Roma, ya no en su ascenso –el periodo "heroico"– sino en la fase de estancamiento y desintegración de su imperio. Roma fue capaz de mantener su posición por medios militares durante siglos, aunque los cimientos económicos se pudrieran cada vez más a medida que se demostraba que la misma esclavitud era una fuerza económica obsoleta. La sociedad se estancó e, incluso, se desintegró parcialmente bajo el embate de las hordas bárbaras. Aquella sociedad sólo consiguió progresar liquidando la esclavitud abierta y sustituyéndola por el trabajo campesino, aunque con el aparato militar y la explotación del feudalismo. Roma no pudo salvarse porque entonces no existía una clase capaz de mostrar un camino hacia delante. El "proletariado" de Roma vivía a expensas de la sociedad, al contrario de la clase obrera moderna, que ha sido la base del auge económico y pervivencia del capitalismo. Esta clase conserva su papel histórico, a pesar de los corruptos líderes al mando de sus organizaciones, en particular de los sindicatos.

Estados Unidos, la "nueva Roma", tendrá que compartir su influencia y poder con las fuerzas emergentes que implícitamente desafían su liderazgo, en particular desde Asia, y, en concreto, China. Hemos hablado muchas veces de este asunto, pero los ilusos pronósticos de los comentadores burgueses, compartidos por la élite china, de que podemos experimentar el "pacífico ascenso de China" son irrealistas. En la última parte del siglo XIX, el imperialismo británico fue desafiado por la potencia emergente de Alemania, que lo alcanzó económicamente casi a comienzos del siglo XX. Entonces, en la intensa competición por los mercados, materias primas, influencias, etc., se enfrentaron entre sí en la Primera Guerra Mundial. A esto le siguió un incipiente choque entre el viejo poder dominante británico y el nuevo gigante americano. Trotsky, durante un tiempo, esperó que incluso se pudiera desatar una guerra entre Estados Unidos y Reino Unido. Esto no se materializó debido al cambio de la situación en los años veinte y treinta, en particular por la amenaza planteada por el avance de Rusia, el nuevo apetito de Alemania por recuperar su antigua posición, etc. Ha de descartarse –debido al equilibrio nuclear del terror– una nueva guerra mundial en la era moderna. Pero existen conflictos en torno a asuntos secundarios, como la cuestión de Taiwán, que amenazan con irse de las manos.

China

China representa una "amenaza estratégica" para Estados Unidos mucho mayor que lo que lo fue Japón en la década de los ochenta. No sólo hemos presenciado el florecimiento de su poder económico sino también su gasto militar y su progreso económico. Éste sigue siendo muy inferior al de Estados Unidos por ahora, pero, proyectado en el futuro, el actual crecimiento de China entrará en colisión con Estados Unidos. Sin embargo, los mismos factores responsables del éxito de China –el crecimiento de la industria y, con él, de la clase obrera– son los que desbordarán esta perspectiva. La idea de que China, junto con los países que conforman el llamado BRIC[1], podría protagonizar la salvación del capitalismo mundial –idea a la que contestamos y que fue expuesta por comentadores burgueses hace apenas unos seis meses–, ya no se considera una hipótesis seria.

La severa contracción de los gastos de consumo en Estados Unidos repercutirá de forma dramática en China. Lo que es más, una reducción de las importaciones, por su propia naturaleza, tendrá como resultado una ralentización de la tasa de crecimiento de China, y el consumo interior chino tampoco será capaz de pagar los platos rotos. De hecho, China misma podría desencadenar un empeoramiento de las desgracias económicas del capitalismo mundial, agravando la espiral descendente, que, a su vez, tendría un efecto retroactivo sobre el país. La base de consumo de China es demasiado reducida para amortiguar las repercusiones que la caída económica mundial puede tener sobre el propio país. La situación a la que se enfrentan Estados Unidos y el mundo, así como el movimiento obrero a escala internacional, no es sólo una crisis, sino una cadena de crisis que se prolonga en el futuro. La causa inmediata de agitación en China –que, dada la alta tensión social existente, podría desembocar en una revolución– podría no residir sólo en un debilitamiento del crecimiento, sino en la inflación. Ésta última ha aumentado considerablemente en los últimos tiempos. Otro desencadenante podrían ser los efectos de un desastre natural o, tal como han demostrado recientes experiencias, una combinación de desastre natural, como el intenso invierno, y la paralización del sistema de transporte en el Año Nuevo chino.

La cuestión del medio ambiente planetario y la amenaza planteada por el calentamiento global, constituye también un factor a incluir en la horrible situación que se le avecina al capitalismo mundial. Las consecuencias del calentamiento global y el cambio climático, en forma de hambrunas, sequías y erosión de terrenos, supondrán una amenaza para millones de personas, forzarán nuevas migraciones e incrementarán los conflictos por los recursos naturales. Incluso sectores de la burguesía reconocen la amenaza que representa esta potencial catástrofe. No obstante, sin un plan internacional de producción no será posible resolver esta cuestión, que está cobrando cada vez más relevancia y urgencia.

Entre los países que se verán afectados –tal vez incluso más que el resto del mundo en un principio– no faltará Estados Unidos. Naomi Klein ha comentado que las "clases han vuelto". El 48% de la población se declara ahora en contra de "los que tienen" y viven a expensas de "los que no tienen". El dato revela una duplicación de este sentimiento en el transcurso de 25 años. La multiplicación del fenómeno conocido como "jingle mail" (los propietarios abandonan sus viviendas y devuelven las llaves por correo al prestamista), con una cifra potencial de entre dos y tres millones de familias que perderán sus viviendas, ha echado por tierra la idea de la "democracia de los propietarios", anunciada por Thatcher y políticos burgueses estadounidenses, como Reagan. Aquí, se trataba de una expresión moderna del concepto de "tied cottage" (viviendas cedidas en usufructo a trabajadores agrícolas) que la burguesía inglesa propagó durante su ascenso en el siglo XIX. Mediante las llamadas "company houses" y tiendas, este método se percibió como un instrumento para atar a la clase obrera a los capitalistas y su sistema. Los precios monopolizados y el desalojo de huelguistas de dichas viviendas, acabaron con estas ideas al tiempo que la clase obrera luchaba por la independencia de clase.

Embargos en Estados Unidos

El profundo trastorno social que está detrás del embargo de casas en EE.UU., conocido en este país como `foreclosures', removerá de manera significativa las conciencias de anchas capas de la población, especialmente las clases medias y trabajadoras. Uniendo el brutal sistema de salud, basado en seguros y financiación privada, con los costos de las enfermedades repentinas, y la pérdida de la vivienda por parte algunos trabajadores, se está preparando el terreno para revueltas sociales masivas en los EE.UU. La prensa burguesa está hablando ya del desarrollo en los EE.UU. de Bushvills un eco de las llamadas Hoovervilles, que hacen referencia al presidente norteamericano en la década de 1930, Herbert Hoover, y que son los precursores de los actuales barrios de chabolas.

Una muestra de lo que está por venir para la clase trabajadora americana se ve en la declaración de la General Motors, que intenta despedir a un 70 % de la plantilla, incluso después de que los líderes sindicales hayan aceptado un acuerdo podrido, claramente para evitar repeticiones. A la cabeza de esto, están los poderosos sentimientos proteccionistas que ya se reflejan, bajo la presión de los sindicatos, en las amenazas del Congreso de restringir importaciones, y que aumentarán con el incremento del desempleo. Como apuntó un comentarista burgués, si el desempleo, que ha crecido entre el 5% y el 6% en los últimos meses, aumenta hasta el 10% entonces "todas las apuestas se vendrán abajo". El colapso del dólar, además, no ha resultado un beneficio para las exportaciones norteamericanas. Como Gran Bretaña, la economía de EE.UU. ha estado marcada por la desindustrialización, la recolocación de las fábricas y la producción en el extranjero, lo que ahora se llama en Europa "el capitalismo caravana". Esto significa que ya no tiene la misma plataforma industrial ni la ventaja económica para sacar el máximo provecho de un dólar barato. Al mismo tiempo, el euro y el yen han aumentado despiadadamente. Esto se añade a los infortunios económicos de la eurozona, que no ha sido todavía seriamente afectada, aunque la crisis de las subprime se haya hecho notar. Pero aún está por llegar una ralentización, quizá este mismo año. Para muchos países, por diferentes razones, la "camisa de fuerza" del euro podría ser tan restrictiva que la abandonasen o forzasen a otros a hacerlo. Un euro fuerte paralizará el costo de las exportaciones alemanas, que son la columna vertebral de su economía.

En los EE.UU. existe ya una polarización de la vida política y social, que se refleja en el incremento de asistentes y en el interés por las elecciones primarias –especialmente en las primarias demócratas- así como en el enorme interés que Obama ha despertado en parte de aquellos que nunca habían votado antes, en mujeres, en trabajadores negros, etc. Obama o Clinton son capaces de derrotar a McCain. Si bien Iraq no ha desteñido la conciencia del pueblo americano, la economía está claramente al frente. Incluso los que no están afectados por la crisis económica se sentirán inseguros y culparán a la administración Bush y a su partido de la complicada situación.

En un mundo racional, esto significaría perder las elecciones. Como ejemplo está el caso de España; Zapatero, el candidato del Partido Socialista (PSOE) venció al derechista Partido Popular (PP) por un estrecho margen. Sin embargo apenas se habían extinguido las ovaciones, cuando el inminente derrumbe económico destacó mucho en la prensa española. Los factores domésticos, económicos e internacionales podrían deslucir rápidamente una presidencia de Obama o Clinton. Éste es el porqué de que el CIT en los EE.UU. ha continuado ejerciendo enérgicamente una política de combate a la idea de "mal menor". Sin embargo, dada la situación de los EE.UU. este año, esto no será suficiente. Es evidente que tenemos que apoyar al independiente Ralph Nader en un paquete conjunto junto a otros como González. En el pasado, los EE.UU. estuvieron detrás de aquellos países en los que un sentimiento de clase había pasado a un primer plano. Ahora hay un marcado anti-corporativismo[2], un sentimiento anti-ricos en desarrollo, que supone un factor importante detrás del fenómeno de Obama.

Conflicto israelí-palestino

Incluso si Obama se instala en la presidencia, o si lo hace Clinton, las contradicciones fundamentales en el corazón del imperialismo norteamericano permanecerían. Por ejemplo, sobre una base burguesa, la situación en Oriente Medio, en concreto el conflicto palestino-israelí, es intratable. Esto se resalta en el reciente intercambio de cohetes, "ojo por ojo", a lo largo de la frontera entre Gaza e Israel, el bombardeo a Gaza y la reacción de las masas palestinas, no sólo en Gaza si no también en la Franja Oeste (Cisjordania). Gaza es en la actualidad la prisión al aire libre más grande del mundo. El tercer y el cuarto mundo coexisten en la difícil situación de las masas palestinas cuando se enfrentan a la posición de Israel. Los ingresos medios de los palestinos son de 800$ por año, frente a los 24100$ de los israelíes.

Las explosivas tensiones de Gaza han dado como resultado por una parte, la fuga de población hacia Egipto y, por otra, los ataques en Jerusalén a los árabe-israelíes. Antes de estos hechos, la ira de las masas palestinas era febril, dando lugar a manifestaciones conjuntas de los seguidores de Fatah y Hamas en la Franja Oeste demandando un frente común contra Israel. Esta rabia contra la opresión del Estado de Israel ha provocado seguramente un retroceso del apoyo a la solución de "dos estados", al menos por parte de los palestinos. Esto a su vez ha permitido un resurgimiento de la "opción sudafricana". El crecimiento de la población palestina es muy superior a la de los israelíes- si se comparan a la vez la Franja Oeste y Gaza con Israel. Por lo tanto la idea de "una persona, un voto", como ocurrió después de la liberación de Mandela en la década de 1990 en Sudáfrica, está ahora sobre la mesa, aunque en gran parte apoyada por la burguesía y la pequeña burguesía. Incluso Olmert, el Primer Ministro israelí, ha usado este hecho para asustar a la población israelí a la hora de hacer concesiones a los palestinos, incluyendo las concesiones territoriales en la Franja Oeste. La solución de "dos estados", afirma Olmert, es el único camino de evitar la "opción sudafricana".

Sin embargo no existe perspectiva real de que la clase dirigente israelí conceda a los palestinos "un voto por persona", como si esto llevara efectivamente al desmantelamiento del Estado judío. Por otra parte la población palestina nunca aceptará la presente situación. Sólo la clase trabajadora de la región, especialmente sus componentes importantes de Egipto e Israel, son capaces de mostrar el camino que salga de este punto muerto. Fuera de esto, veremos la espiral mortal y violenta del "ojo por ojo" que ha marcado continua y profundamente la región en el último periodo. Los trabajadores egipcios, a través de la reciente ola de huelgas, han infligido más terror a la clase gobernante de Egipto y de toda la región que los islamistas, incluyendo la principal fuerza de oposición en Egipto, los Hermanos Musulmanes.

Mercancías

Mientras los países avanzados industrialmente serán severamente afectados por la crisis económica, esto va a significar una catástrofe para el mundo neocolonial de África, Asia y Latinoamérica. El boom de las mercancías, que ha ido a la par que el crecimiento mundial, benefició en el mundo neocolonial a algunos de esos países (realmente a sus elites). Pero dejó en gran parte de ellos las condiciones de las masas pobres intactas. Una nueva crisis sumergirá a millones de personas dentro del hambre absoluta. El enorme incremento de los precios de algunos alimentos como el trigo y el arroz, ha provocado ya manifestaciones y disturbios desde México hasta África. Mientras los precios de algunos alimentos descenderán como consecuencia de la crisis, otros, como el trigo, no pueden hacerlo por la desviación de muchas tierras cultivables a la producción de biocombustibles.

África, dónde millones de personas se aferran a una existencia precaria, será probablemente el continente más afectado. Un periodo de incremento de los desórdenes sociales está ya surgiendo allí dónde las fuerzas del marxismo están especialmente establecidas, y las ya conocidas organizaciones de Nigeria y Sudáfrica, disfrutarán el éxito.

Asia suponía ser inmune a una crisis de este tipo como la que ha golpeado ahora la economía mundial, a diferencia de 1997 cuándo el FMI se vio forzado a sacar de apuros a una serie de economías y a raíz de la cual surgieron movimientos sociales, especialmente en Indonesia. En aquel momento, Mahathir Mohammed en Malasia adoptó medidas proteccionistas. Hoy en día en Malasia, incluso antes de que los efectos de una recesión mundial se hayan sentido plenamente, se ha experimentado un terremoto político en las recientes elecciones. (Ver el artículo en socialistworld.net). Las fuertes caídas en los mercados de acciones asiáticos son las precursoras de una severa crisis económica y política en este continente, no sólo en India y China.

Revueltas en Latinoamérica

Latinoamérica está en el corazón de la lucha mundial contra el neoliberalismo. El mayor interés hasta ahora se ha concentrado en el "arco de la inestabilidad" de la región andina, especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Venezuela ha llegado a un escenario crucial tras la derrota de Chávez en diciembre del 2007, la primera en sus 9 años de gobierno, en el referéndum para una nueva constitución. Ahora se ve clara la retención del proceso revolucionario y las consecuencias de esto para las masas en términos de calidad de vida, derechos y condiciones, y que fueron los factores principales para que gran parte de los antiguos seguidores de Chávez se abstuvieran en el referéndum.

La mitad o un tercio de la revolución irrita a la clase gobernante, si bien no satisface las demandas de las clases trabajadoras. Camaradas que han visitado recientemente Venezuela, así como nuestros propios camaradas en el país, informan que incluso las mejoras del pasado, en salud o en el incremento del consumo de alimentos, se han ablandado. Como predijimos, la decisión de retirar la concesión de una licencia a la cadena televisiva de la oposición RCTV permitió la reacción para movilizar contra Chávez a una parte de la clase media, estudiantes en particular, alegando una "amenaza a la democracia". Para las masas trabajadoras, sin embargo, más importante es el tema del incremento de cargas que han sido obligados a soportar debido a la escasez de alimentos, subidas de precios, etc.

Además de esto sobrevino el asesinato del líder de las FARC en Ecuador. Tras este acontecimiento, Chávez desplegó las tropas venezolanas en la frontera colombiana y amenazó con la posibilidad de una guerra. Sin embargo es poco probable llegar a esto. El poder militar colombiano es en este momento, mayor que el de Venezuela. Enfrentados a dificultades en casa, los gobiernos bajo presión, y el de Chávez lo está, recurren a movilizar la nación contra la amenaza de intervención extranjera y de guerra. Uribe ha afirmado que los ordenadores capturados en el asalto y bombardeo de la base de las FARC muestran que Chávez era uña y carne con el líder de las FARC. Colombia es una avanzadilla del imperialismo norteamericano. EE. UU. ha suministrado a Colombia más asistencia a su ejército y a su policía que al resto de Latinoamérica y el Caribe en conjunto. El Plan Colombia, aunque fue formulado por el gobierno Clinton, no se dirige a aplastar el narcoterrorismo sino a eliminar las incipientes revueltas de las masas colombianas contra el gobierno más represivo de Latinoamérica en la actualidad. Colombia es considerada como el "Israel" de Latinoamérica; el colmillo del imperialismo norteamericano preparado para hundirse en el cuello de cualquier gobierno que amenace sus intereses.

Claramente Venezuela plantea una amenaza a los EE.UU. y a sus acólitos en Latinoamérica. Esto tiene un cierto poder atractivo para las masas, por las políticas del neoliberalismo, especialmente en el mundo neocolonial. Hay ilusiones internacionales en el gobierno de Chávez, pero no quizá tantas como las que había y hay en Cuba. Después de todo, la revolución cubana creó una economía planificada, con elementos de democracia de los trabajadores en primera instancia. Esto no existe y nunca se ha hecho en Venezuela, lo que incluso sus "presuntos amigos" ahora reconocen.

Cuba y Venezuela

Hay al mismo tiempo gran interés en Cuba tras la renuncia de Fidel Castro como presidente. Es visto como el último remanente de "socialismo". La película Sicko de Michael Moore ha enfatizado en un modo muy gráfico las ventajas de una planificación de los recursos de la sociedad, especialmente en la salud, incluso en una "fortaleza asediada", cómo la que todavía es Cuba. Cómo hemos declarado en otros materiales, sin la democracia de los trabajadores Cuba podría irse abajo, con los comienzos de una vuelta al capitalismo después de las próximas elecciones presidenciales en EE.UU. Si son elegidos Obama o Clinton no supondrá una gran diferencia. La presión sobre el Congreso y sobre el próximo presidente es tal, que el embargo será o bien levantado o significativamente moderado, permitiendo más turismo americano en Cuba y mayores operaciones comerciales para los hambrientos monopolios estadounidenses, para explotar sus mercados y recursos. El exilio cubano, concentrado en Miami, no tendrá suficiente influencia para retener este proceso. Dos tercios de la población latina en Florida no es cubana. Los grandes intereses del imperialismo estadounidense ahora demandan un levantamiento del embargo y un pacífico proceso de avance hacia la restauración capitalista.

Cuba está en la encrucijada y nosotros debemos intervenir en el proceso, incluso en un bloque con aquellas fuerzas cubanas que desean mantener los elementos de una economía planificada y extenderlos, pero con la base del programa de una democracia de los trabajadores. Si Cuba y Venezuela se enfrentaran a serios contratiempos, el derrocamiento de Hugo Chávez y la liquidación de los elementos de una economía planificada en Cuba, esto sería un indudable soplo contra las ideas del socialismo y oposición al neoliberalismo en Latinoamérica. No podemos cerrar nuestros ojos a los efectos nocivos de tal desarrollo.

Pero por otra parte, el escenario internacional no es el de 1989 y la caída del Muro de Berlín, que provocó en Cuba un periodo de escasez cercano al colapso. El capitalismo, como se ha mostrado anteriormente, se enfrenta a la crisis más seria del último medio siglo. Las revueltas mundiales contra el neoliberalismo continuarán, incluso si no hay un colapso significativo en las fuerzas productivas en los próximos doce meses. Las tensiones de clase han alcanzado niveles tan insoportables, con niveles de inseguridad sin precedentes, que grandes levantamientos de la clase trabajadora y de las masas pobres son inevitables incluso fuera de una crisis económica seria.

Huelgas en Alemania

Esto se evidencia por el brusco giro de la situación en Alemania con las huelgas del sector público, que en alguna encuesta de opinión disfrutaron del 74% de apoyo de la población, como parte del "giro a la izquierda" que incluso los observadores capitalistas comentan. Estas huelgas han sido motivadas por el intenso odio de clase de las masas contra los superbeneficios acumulados por los jefes y han tenido lugar antes de que los efectos reales de una crisis económica golpeara a Alemania. Mientras el boom parece que continua todavía, aunque sea contra el fondo o los despidos y recortes salariales en muchas industrias, la visión predominante de la clase trabajadora es "nosotros queremos nuestra parte". Un descenso significativo en la economía viene después de este otro, en lugar de que conduzca a un período de inactividad, que liderará la furia de una parte de las masas en Alemania. Esto significará una vuelta a los tormentosos periodos del pasado, con el surgimiento de una nueva y combativa generación trabajadores y de gente joven. Las continuas divisiones dentro del SPD sobre la colaboración con DIE LINKE (el partido de la izquierda) así como el aumento de este último, que ha introducido recientemente tres parlamentarios regionales, con una presencia total de 10, es un síntoma de que la situación está cambiando.

Por una parte, la situación subyacente en Francia es explosiva, como simbolizan las luchas de las pequeñas fábricas a las que la clase trabajadora ha recurrido, por ejemplo, cerrando a sus jefes en sus propias oficinas. A su vez, secciones de los empresarios han buscado prevenir las huelgas sobornando a la clase trabajadora con un aumento sustancial, en una sola vez, de los pagos. Las puntuaciones en las encuestas de Sarkozy han caído, como una revulsión en masa contra el "presidente pretencioso", y como evidenciaron los resultados de las recientes elecciones locales. El "centro-derecha" de Sarkozy recibió sólo el 47´5% en la segunda vuelta mientras el Partido Socialista (PS) obtuvo el 49´5%. Esto, y la obtención de ayuntamientos de pueblos y ciudades, no denotan apoyo para el PS pero es un "voto de censura" para el gobierno. Un periodo de aumento industrial y de lucha social es ahora más que probable en Francia. Esto representa una significativa derrota para Sarkozy y su partido UMP menos de un año después de las elecciones presidenciales. En la primera vuelta, el LCR obtuvo el 4% en las encuestas y nuestras pequeñas fuerzas tuvieron éxito al ganar un puesto en el ayuntamiento de Rouen. Al LCR se le presenta una gran oportunidad si evita los fallos del pasado, sentando las bases para un nuevo gran partido de la clase trabajadora. Su líder público, Besancenot, es el quinto orador más popular en Francia. Sin embargo, dudan sobre que tipo de partido, incluyendo que tipo de peticiones, harán. Nosotros tenemos una oportunidad para intervenir en el proceso y con nuestras pequeñas fuerzas encontrar un mayor eco. La próxima discusión en el buró europeo sobre las cuestiones tácticas que se plantean en Francia en esta etapa supondrá una parte fundamental de ésta.

Por otra parte, España, precisamente porque se ha beneficiado más que otros países de Europa de la moneda europea fuerte y de un programa masivo de construcción de viviendas, se enfrenta probablemente en el próximo período a un "duro aterrizaje". Una medida de la escala del boom de la construcción en España es el dato de que en los últimos años este país ha utilizado la mitad del cemento de Europa usado en la construcción. La crisis inmobiliaria tiene más parecido con la de EE.UU., con una caída significativa en el precio de las casas debido a la oferta excesiva, que por ejemplo con la de Inglaterra. Zapatero logró por los pelos mantener el poder en gran parte gracias a la polarización que ha habido, la cual a su vez surgió del miedo de las masas de un brutal gobierno del PP si llegaba al poder. Los partidos pequeños fueron exprimidos completamente, incluyendo Izquierda Unida (IU), que perdió escaños y terminó con sólo dos diputados.

Irlanda está en una situación similar a la de España. Su gran crecimiento se dirige al hundimiento tras el 1´6% de este año. En si mismo, esto es la fórmula para un gran desastre social y una favorable oportunidad para el Partido Socialista en Irlanda.

Huelgas generales

Bélgica, Grecia (con una huelga general de 2 millones de trabajadores y manifestaciones de 50.000 personas en Atenas), Portugal (que está empezando a convulsionarse), y no menos Italia, se enfrentan todos a grandes trastornos en los próximos tiempos. Berlusconi tenía un 12-15% de ventaja en las encuestas de opinión pero eso se ha ido hundiendo durante la campaña electoral. Pero probablemente retornará al poder en alianza con otras fuerzas del ala derecha de la burguesía, especialmente el fascista partido de Fini, en las elecciones de abril si obtiene una clara mayoría. Sin embargo, la burguesía tiene, de manera acertada, miedo a que un gobierno de Berlusconi pudiera más que probablemente encender la chispa de un masivo movimiento de oposición de la clase trabajadora, que está en plena ebullición por el deterioro de su posición. Ellos no tienen medios de ventilación, debido a la derechización del Partito della Rifondazione Comunista (PRC) y de muchos de los líderes sindicales. La preocupación de la burguesía se muestra en los comentarios hechos en un reciente encuentro en Milán. El informe de FT: "Los empresarios podrían a menudo apoyar a la derecha, pero ellos se conformarían con un gobierno fuerte de izquierdas capaz de aplicar políticas y de sobrevivir". Ellos prefieren una gran coalición de Berlusconi y Veltroni al estilo alemán. Una medida de lo que las masas italianas pueden esperar se muestra en el arrebato del ministro de economía propuesto por Berlusconi; si la derecha gana las elecciones, se introducirá un régimen de "terapia de choque". En este contexto la percepción de las masas en Italia es que sus condiciones han sido ya significativamente socavadas, con "muchas familias" pidiendo grandes reducciones en los últimos diez años. De cinco a seis millones de italianos se ven forzados a tener dos trabajos para llegar a fin de mes. Hay una significativa desilusión y un enfado en ciernes en las masas pero no hay canales políticos para expresarlo. El PRC continúa oscilando hacia la derecha en sus últimos intentos para formar un oportunista bloque más parecido a una formación capitalista liberal que al partido de los trabajadores que fue en el periodo anterior. El partido ha oscilado en las encuestas de opinión entre 5% y 7%, pero podría todavía conservar una significativa presencia electoral debido incluso a la oscilación a la derecha de otras formaciones (ver el artículo en socialistworld.net).

La crisis económica mundial tendrá un profundo efecto en Rusia y en el este de Europa. El crecimiento de Rusia en el periodo reciente se debe en gran parte a factores externos, particularmente a la subida del precio del petróleo. La severa deflacción mundial llevará a una caída en su precio, lo que impactará severamente en la economía rusa. El capitalista Kremlin y la colosal cleptocracia en la que descansa han perfeccionado un estado con poderes dictatoriales bonapartistas. Esto no sólo se comprueba en las bandas rivales ávidas de poder y la riqueza que conlleva, pero en última instancia las masas que correctamente temen, se levantaran contra ellos cuando la economía y, por consiguiente, su control del poder, vacile. El régimen que Putin, lega a Medvedev, es como ya dijo Liebknecht refiriéndose al régimen del kaiser alemán, "absolutismo con la hoja de parra de un parlamento". Habrá grandes convulsiones sociales si Rusia se derrumba económicamente.

Crisis capitalista y conciencia de masas

El tema más problemático al que se enfrenta el movimiento de los trabajadores en este escenario general de crisis capitalista, de empeoramiento y de parálisis política de los partidos burgueses, es el efecto que puede tener sobre la conciencia de las masas. Por supuesto, la clase trabajadora no reaccionará de una manera uniforme en cada país. Dónde no haya partidos de la masa trabajadora o sindicatos combativos, las masas podrían inicialmente quedarse aturdidas. Los líderes de los sindicatos derechistas europeos continúan de hecho como un freno del movimiento de los trabajadores. Atados al capitalismo neoliberal, ellos están poco dispuestos y son incapaces de resistir la embestida de los empresarios. Esto ha provocado fisuras, incluyendo fugas, como en Alemania hacia la GDL, el sindicato de los conductores de ferrocarril, dentro de las estructuras oficiales sindicales. En Inglaterra, una clara tendencia a la izquierda dentro de los sindicatos, tipificada por el sindicato del ferrocarril, RMT, y los principales sindicatos de los servicios públicos, PCS, han tenido éxito a la hora de resistir los ataques de los patronos. Consecuentemente, han incrementado sus miembros. Sin embargo, esto fastidia a la derecha, porque se pone en relieve su propia ineficacia. Esto podría llevar a intentar forzar a los sindicatos fuera de la TUC. Por tanto son posibles nuevas formaciones como en Brasil con Conlutas, y en otros países. En Europa al menos, los principales beneficiarios de este primer período, podrían ser el racismo, nacionalismo, y los partidos de extrema derecha en contra de la inmigración.

La brutal globalización capitalista ha dado lugar al movimiento sin precedentes de personas tanto dentro de los continentes como hacia otros. El fenómeno de chabolismo que vemos en el mundo neocolonial puede ahora seriamente arraigar en los países avanzados bajo el látigo de la crisis capitalista. Europa es vista como Eldorado por muchos inmigrantes, mientras otros, por ejemplo en Gran Bretaña, son repelidos por lo que consideran es una caída general dentro de sus propios países y están escapando hacia ricos pastos en el extranjero. Por ejemplo, Australia está atrayendo en la actualidad a inmigrantes británicos, víctimas de una situación peor que la de muchos países desde la depresión económica de 1930, con uno de los niveles de paro más altos del mundo.

La objetiva caída del capitalismo, combinada con las peleas de masas, reformará las conciencias que en el periodo pasado estaban todavía afectadas por la caída del estalinismo, la campaña ideológica de la burguesía y el boom económico. Incluso así, como predijimos, los nuevos partidos de la clase trabajadora han empezado a tomar forma, especialmente en Alemania, en Brasil y se desarrollarán en toda Europa en el próximo periodo. Otras importantes formaciones se han desarrollado: el Partido Socialista de Holanda, el Bloco de Esquerda en Portugal. Han surgido también los importantes desarrollos en Grecia de Synaspismos y de la alianza SIRIZA. El grado en que se han convertido en "formaciones de masas", y si son ya reales partidos de trabajadores, debería ser analizado y discutido más a fondo. Al mismo tiempo, la intervención del estado capitalista, con ideas casi keynesianas, supondrá el inicio para el comienzo de tendencias reformistas, típicas de Lafontain, el líder de la izquierda en Alemania.

Las clases gobernantes están preparándose para una aguda colisión con la clase trabajadora levantada y el movimiento obrero. Los gobiernos de todas las sociedades burguesas son últimamente los comités ejecutivos de la clase gobernante. Significativas acciones antidemocráticas han sido consideradas o están siendo introducidas en la actualidad y la persecución de militantes que desafían el sistema es una creciente característica de la situación en algunos países. Parte de nuestra preparación para el futuro es la oposición del CIT a los ataques a las libertades civiles y a los derechos democráticos, combinando con habilidad esto con la pelea por los salarios, para defender y mejoras las condiciones de vida, etc.

Atmósfera anti-empresarial y anticapitalista

Hay ahora una elevada conciencia anticorporativista y anticapitalista que se ha desarrollado y que se profundizará en el siguiente periodo. Pero, como un gran número de nuestras secciones del CIT ha visto, con un aumento de los miembros, hay en la actualidad una pequeña pero significante capa de gente joven y trabajadores que están mirando a las explicaciones socialistas y a los problemas que se enfrenta la clase trabajadora. La más aguda expresión de esto aparece quizá en el mundo neocolonial de forma individual e incluso con grupos colaborando con la CWI en Brasil y Sudáfrica. Al mismo tiempo, tenemos un espectacular éxito de los camaradas de Pakistán que en una situación objetivamente difícil han crecido considerablemente. Incluso más impresionante es la sensación de éxito del partido de Sri Lanka, el USP, que a pesar de veinte años de salvaje guerra civil no sólo ha empuñado nuestra bandera sino que ha crecido significativamente. Estos éxitos en el mundo neocolonial son una anticipación de lo que podemos esperar en el próximo periodo en Europa y en los otros países industriales avanzados.

Repetimos: no somos deterministas. Los crecientes problemas económicos para el capitalismo no garantizan automáticamente un alto grado de concienciación por parte de la clase trabajadora. La ausencia de un punto de referencia político en la que se encuentran la mayoría de los países europeos, Alemania está siendo la excepción, significa que todos los tipos de retrocesos característicos saldrán a la palestra, quizá incluyendo también el crecimiento de la extrema derecha. Pero como muestra la experiencia de Alemania y Rusia en la década de 1990, esto puede actuar como un látigo e incentivar a alguna gente joven en particular, en la búsqueda de aquellas ideas y partidos que pueden responderles. Además, esto tendrá lugar a lo largo de una considerable radicalización de la clase obrera. El CIT crecerá, como todo el movimiento obrero bajo el martillo de los acontecimientos.

En respuesta a esta perspectiva, una cuestión podría ser planteada, ¿Por qué no vemos una significativa radicalización en Japón a pesar de 12 años de la trampa deflacionaria en la que el país estuvo, con una reducción de los estándares de vida? Hay muchas razones históricas y culturales de porqué no se desarrollaron movimientos en Japón. Pero por encima de todo esto se produjo en un contexto en el que todavía crecía la economía mundial y con expectativas de que Japón encontraría un camino para salir de esta situación. Pero el mundo entero está ahora sumido en una crisis económica.

Esto tendrá efectos más profundos en la conciencia de la clase trabajadora y les llevará a buscar respuestas a sus problemas. Esto presentará por lo tanto, grandes oportunidades para los socialistas y para la corriente revolucionaria representada por el CIT. Nosotros estamos en un nuevo escenario que será caracterizado por repentinos y abruptos cambios en la situación. Alemania muestra que allí que habrá olas de huelgas que supondrán grandes oportunidades. La teoría es una guía de acción. La más grande, la más correcta perspectiva no es una automática garantía de éxito. Es por lo tanto vital que las secciones del CIT aprovechen todas las oportunidades que se desarrollarán en el próximo periodo.

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