viernes, 27 de enero de 2012

23 de Enero y los Falseos del Hecho Histórico



 Por:  Otto Van Der Velde Q. PRT ( Partido Revolucionario de los Trabajadores)

   En realidad la idea original planteada en la redacción de nuestro periódico“El Proletario” -Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) correspondiente a enero-febrero de 2012- era que en lugar de una referencia tradicional sobre los sucesos del 23 de enero, se elaborara un análisis de fondo de los problemas ideológico y estratégicos que rodearon las acciones insurreccionales de la fecha, así como los éxitos y errores de las vanguardia en la táctica-plan para la coyuntura.

   Naturalmente ese sigue siendo el objetivo, pero a razón de las interpretaciones y tácticas ventajistas de las fuerzas reaccionarias de la MUD asumiendo la paternidad democrática del evento, creímos conveniente un breve resumen acerca del punto. En función no sólo de bloquear el plan confusionista de la derecha, sino también alertar contra la versión del oportunismo, de los arribistas y el sectarismo de partido en las filas del proceso revolucionario. Tales posiciones tergiversan los hechos ignorando a los verdaderos protagonistas de la lucha antidictadura y del 23 de enero, que tantas lecciones pueden brindarnos medio siglo después.

   Lo primero es que los apologistas de la derecha, improvisadores e hijos póstumos de los viejos partidos puntofijistas, aprovechan la ignorancia de las nuevas generaciones sobre el tema, para hacer su “festin democrático” con la célebre derrota perezjimenista. Sus figuras aparecen como héroes simbólicos de la “nueva democracia” del 58, soslayando las responsabilidades de los viejos partidos, aliados y figuras burguesas en el ascenso de la dictadura militar de Pérez Jimenez. Suceso producto del derrocamientos del gobierno democrático del general Medina Angarita por el golpe cívico militar de octubre de 1945, que organiza la dirección de Acción Democrática, Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios, Raul Leoni, Prieto Figueroa y otros socialdemócratas de la época, aliados a Rafael Caldera y a los militares perezjimenistas.

   Se trataba de una coalición antinacional y populista bendecida por las petroleras anglo-norteamericanas, el Departamento de Estado y las capas burocratico importadoras de la oligarquía criolla. Los golpistas toman el gobierno y liquidan las medidas nacionalistas del medinismo en materia de libertades democráticas petróleo y reforma agraria.

   La coalición de derecha ejecuta un push oscuro, de procedimiento nada democrático, formalista en su origen, acorde con la expansión de pos-guerra del capital estadounidense. Su acción abre el poder a la dictadura del entonces mayor Marcos Pérez Jimenez. Paaradójicamente la cacareada democracia capitalista venezolana arranca con un golpe militar, una mancha de orígen para los partidos y figuras de la MUD, herencia manifiesta en la conspiración de la “Coordinadora Democrática” el 11 de abril del 2002.

   La Junta golpista del 18 de octubre de 1945, bautizada pomposamente por los betancouristas como “Junta revolucionaria”, pasa sus facturas internas el 24 de noviembre de 1948, dos años después de la Constituyente del año 46.    En noviembre del 48 rueda la segunda parte del golpe del 45 y así como Carmona Estanga y sus militares desplazan el 11 de abril el laborioso golpe de estado de 1ero Justicia, AD, Copei y la banca, la reacción perezjimenista desplaza al débil y vacilante gobierno Acción Democrática precidido por Rómulo Gallego, montando un triunvirato militar precidido por Carlos Delgado Chalbaud, Llovera Paez y el mayor Marcos Pérez Jimenez, quien a su vez desplaza al general Suarez Flamerich, a Delgado Chalbaud y al capitán Mario Vargas.

   Sobre las bayonetas del contragolpe militar de noviembre se impulsan Marcos Pérez Jimenez, Llovera Paez y Vallenilla Lanz. Para 1950 el nuevo contubernio ha ilegalizado al PCV y al propio gestor del golpe del 45, AD. La Junta arremete ferozmente contra los comunistas y los sectores democráticos de la inexperta socialdemocracia enrolada por el CEN de AD en la aventura militar. Mientras que  la mayoría de los jefes de AD,  Betancourt, Leoni, Carlos Andrés Pérez y compañía, van  en  desbandada a un “exilio dorado” entre Puerto Rico y New York.

   La represión se acentúa a lo largo de los años cincuenta contra los militantes comunistas y el ala de izquierda de base en AD, que enfrenta así la irresponsabilidad de sus jefes, sanos y salvo en el exilio dorado. Indignados con su propia jefatura, los cuadros adecos de base forman en plena resistencia antiperezjimenista, la llamada corriente “AD de izquierda”, que luego de derrocado el gobierno de Perez Jimenez por la insurrección de masas del 23 de enero, se transforma en el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), inicialmente liderado por Domingo Alberto Rangel, Saez Mérida (secretario general en la clandestinidad cuyo asesinato en pleno gobierno bolivariano nunca fue investigado), Moises Moleiro, Américo Martín por la juventud de AD y otros activistas anti dictadura. El MIR se declara marxista en su fundación.               

   Después del fracasado pleisbicito del régimen militar y la burguesía criolla en el año 1952, que a su pesar gana Jovito Villalba -secretario general del ambíguo partido Union Republicana Democrática (URD)- el gabinete y la burguesía perezjimenista de Fedecámaras desconocen el voto popular, amenazando al villalbismo y al propio Jóvito Villalba que acobardado sacrifica su triunfo electoral por el exilio.

   Los asesinatos y la persecusión militar contra los comunistas crece, aumentan los asesinatos, los presos, exiliados y perseguidos por los militares y la Seguridad Nacional de Pedro Estrada. En honor a estos mártires del PCV y AD de izquierda, no podemos terminar el párrafo sin anotar que en todos estos episodios Rafael Caldera y sus discípulos copeyanos, se desenvolvían cómodamente en las instituciones del Estado militar.

    No así las masas ni la militancia revolucionaria que cargaban el peso de la represión militar sobre sus hombros. Después del 55 la capa burocrática de la dictadura enfrenta al aumento de los conflictos de masas, atizados por los comunistas que se han reorganizado combativamente en la clandestinidad. Los adeistas de izquierda reciben la influencia ideológica y organizativa del PCV.

   Entre el año 56- 57, las acciones y lucha clandestina de las masas arrecia contra desfalcos y atropellos represivos de la dictadura militar burguesa. Una crisis del imperialismo norteamericano afecta la rama de la contrucción venezolana empeorando las cosas. Del seno de sectores que hasta la fecha habían apoyado o se hacían la vista gorda con las tropelías del régimen militar, valga decir, el Episcopado, los grandes capitalistas de Fedecámaras, los calderistas, el grueso del Ejército y la burocracia, sintiendo ladear el enorme trasatlántico militar, comienzan a moverse nerviosamente de un lado a otro, sacan pastorales, murmuran aquí y allá, se hacen inconformes etc., particularmente en la segunda mitad del año 57.

   Caldera y su buen olfato corren a Nueva York, para runirse con un Rómulo Betancourt que ha engordado en “el exilio” y el aún tembloroso Jóvito Villalba. Firman el pacto anticomunista de Nueva York (antesala del famoso pacto de Punto Fijo de Caracas, firmado en 1958 en la quinta punto fijo). Los puntos principales del pacto eran el control electoral, el montaje de la democracia representativa con ellos y Fedecámaras al frente, pero sobretodo el aislamiento y prisión de los comunistas. Mientras tanto la gran burguesía importadora y sus seguidores trataban de despegarse públicamente del cada vez más incómodo general.

   El Partido Comunista, consolidado como vanguardia de las luchas a lo largo de la década, centralizado, moviéndose como pez en el agua en la clandestinidad de masas y con suficiente autoridad política, organiza en 1957 el XIII pleno en la clandestinidad, vota por la táctica política de unidad de fuerzas para derribar a Pérez Jimenez y su golpeado aparato burocrático-represivo. El pleno comunista impone la consigna “por la conquista de un gobierno de amplias libertades”.

   La acertada consigna de unidad en la lucha, más el prestigio y la aceitada maquinaria político-organizativa del PCV clandestino y la actividad de los aliados revolucionarios, permite que en junio de 1957 se forme la celebre Junta Patriótica, integrada por el PCV, AD de izquierda y el ala radical de URD. Se designa por su ubicación insospechable y compromiso con el cambio a Fabricio Ojeda presidente de la Junta Patriótica  que es el frente amplio antiperezjimenista.  Se incorpora a la Junta Patriótica un pequeño grupo progresista de Copei representado por Aristiguieta Gramko

    Los comunistas son él dínamo de la Junta Patriótica, su maquinaria propagandística y de organización es una base fundamental del frente. Se destacan G. García Ponce por el PCV y Saez Mérida por “AD de izquierda”, quienes giran las líneas centrales de sus partidos. Rapidamente la Junta Patriotica se convierte en el el eje de la resistencia y la lucha de masas. La JP contacta con algunos militares afines al PCV y otro grupo de militares descontento organizados en los cuarteles en torno a Hugo Trejo. Estos últimos producen el 1º de enero un levantamiento militar rápidamente sofocado por la dictadura militar.

   20 dias después, el 21 de enero, la Junta Patriótica promueve la huelga general y coordina la insurrección de masas entre el 22 y el 23 de enero, que los aparatos represivos del régimen no pueden esta vez sofocar. La lucha de masas gana la calle y la insurrección da al traste el 23 de enero con los 10 años de dictadura militar burguesa. De aquí en adelante hay otra historia de la que ya hablaremos en su oportunidad.

   Pero el caso es que el PCV, los aliados revolucionarios y el frente amplio de la Junta Patriótica, son los verdaderos héroes antidictadura y mal hacen, no digamos que la MUD sin autoridad alguna para hablar sobre el tema, sino el oportunismo y la improvisación de algunos “rojo-rojitos” militantes, que ya por línea táctico-electoral, por sectarismo o simple adulancia, confunden a las masas minimizando la actividad de los comunistas y miristas en la lucha antidictadura, destacando sólo al factor militar o a sus líderes afines, que aunque notorios no fueron decisivos ni símbolos de la constancia en las jornadas revolucionarias de la década de los cincuenta.

   Falsear la historia es pues un empeño inútil. Los puntofijistas trataron de hacerlo llamando revolución del 45 a lo que no era más que un vulgar golpe de estado, pero al final fracasaron a pesar del ventajismo y el atraso político de las masas en los años cuarenta. Las tácticas, necesarias en política, jamás eliminaran la realidad y la dialéctica de la lucha de clases. Los revolucionarios debemos tener muy en cuenta esa lección.     


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