domingo, 5 de julio de 2009

Declaración De La Corriente LSR - Libertad, Socialismo Y Revolución,
Sección Del Comité Brasileño Por Una Internacional De Trabajadores - CIT


Parar el golpe de Estado en Honduras


En el momento de escribir esta declaración, miles de hondureños están tomando las calles de Tegucigalpa y otras ciudades del país y ha estallado una huelga general en protesta contra el golpe de Estado contra el Presidente depuesto Manuel Zelaya de Honduras. La corriente LSR - Libertad, Socialismo y Revolución, expresa su incondicional solidaridad con los manifestantes que desafían el toque de queda y la represión ordenada por el nuevo gobierno golpista, y pide a todos los trabajadores brasileños y de sus organizaciones expresar su fuerte repudio al ataque a los derechos democráticos de los trabajadores y el pueblo de Honduras.


Fuerzas del ejército hondureño en una acción coordinada con los líderes políticos más reaccionarios del Congreso y el poder judicial, rompieron las reglas del régimen democrático burgués en el país, el domingo por la noche (28/06), secuestrando al Presidente Manuel Zelaya, elegido en 2005 por un mandato hasta el 2010 y lo deportaron a San José en Costa Rica.


Los mismos dirigentes reaccionarios no perdieron tiempo y, el domingo, alegando que había renunciado Zelaya, acordaron nombrar al Presidente del Congreso, Roberto Micheletti, como nuevo presidente del país. Presidente Zelaya, quien se fue de Costa Rica a Managua, Nicaragua, niega haber dimitido y acusó al ejército de haber ametrallado su residencia y haberlo tomado por la fuerza y expulsado del país.

El golpe de Estado en Honduras refleja los intereses de la clase dominante y la élite política que teme la pérdida de control sobre las acciones de Zelaya en el último período y su distancia de la agenda política y económica de las élites más conservadoras.


Manuel Zelaya fue elegido por el Partido Liberal, pero a partir de 2007, adoptó una postura de acercamiento con el gobierno venezolano de Hugo Chávez, y pidió la adhesión oficial de su país al ALBA, Alternativa Bolivariana de las Américas. Esta actitud, así como algunas medidas adoptadas por el gobierno no le gustaron a los empresarios, la iglesia y los intereses del imperialismo en Honduras.


El golpe se produjo cuando el gobierno de Zelaya, en grave conflicto con los dirigentes de su propio partido y la oposición de derechas, promovía una consulta popular informal sobre la posibilidad de que, junto con las elecciones generales de noviembre, se llevase a cabo un referéndum sobre la convocación de una Asamblea Constituyente en el país. Los militares y la oposición de derecha a Zelaya lanzaron el golpe para evitar precisamente esta consulta popular que tendría lugar el domingo 28/06.


En el marco de una profunda crisis económica y de inestabilidad política, el gobierno de Zelaya, fue presionado a encontrar una base social de apoyo entre los sectores populares fuera de la línea tradicional de su propio partido y agudizando aún más la feroz disputa con el Partido Nacional de Honduras, tradicional adversario del Partido Liberal en las controversias políticas Inter burguesas. Frente a la crisis, Zelaya optó por hacer reformas por arriba antes de que el pueblo las arrancase con mucha más intensidad desde abajo.


La ruptura institucional en Honduras es una clara demostración de cómo, en el marco de la crisis estructural del capitalismo y la fragilidad de los sistemas políticos latinoamericanos, incluso pequeñas reformas moderadas y acciones moderadas que contrarían los intereses de las élites políticas y económicas se vuelven intolerables para la clase dominante asociada con el imperialismo en el continente.


Independiente del carácter del gobierno de Zelaya, que sigue siendo un gobierno burgués, el golpe de Estado es un duro ataque a los trabajadores y la mayoría del pueblo en un país con más de los 50% de la población por debajo del umbral de la pobreza y una élite históricamente reaccionaria asociados con el imperialismo norteamericano. Los soldados que secuestraron a Zelaya fueron entrenados en los métodos típicos de la escuela de golpes de estado patrocinado por el imperialismo estadounidense durante décadas. Honduras fue históricamente utilizada por el imperialismo como base de las operaciones contra cualquier levantamiento anti-imperialista en la región, como Cuba y Nicaragua.

Lo qué ocurre hoy en Honduras afecta profundamente al movimiento de la clase obrera y los pueblos del mundo y especialmente en América Latina. Un golpe en el momento en que trabajadores, campesinos, indígenas y jóvenes de diversos países de la región se atreven a levantar la cabeza y en contra de las políticas que ponen sobre sus espaldas el precio de la crisis del capitalismo es un precedente peligrosísimo.


Derrotar el golpe en Honduras e impedir que los mismos métodos sean utilizados en el futuro contra el avance en la lucha de los trabajadores en otros países. Por lo tanto, es una tarea unitaria y prioritaria de los movimientos sociales y, la izquierda consecuente en el continente.


Para los trabajadores y el pueblo hondureño es esencial promover la adopción de métodos de lucha de la clase obrera, la huelga general, la movilización masiva y la organización democrática por la base, incluida la autodefensa, atrayendo a todos los demás sectores de la población pobre y oprimida, cortando de raíz la tentativa de inflexión política autoritaria y reaccionaria en el país.


Delante la imposibilidad de que incluso el imperialismo de EE.UU. apoyara el nuevo gobierno golpista - con Obama manteniendo una actitud vacilante y dudosa, pero sin reconocer a Micheletti como presidente - es posible que los golpistas intenten promover una normalización de la situación manteniendo las elecciones de noviembre bajo condiciones especiales, sin el referéndum sobre la Asamblea Constituyente y bajo un estricto control.


Al mismo tiempo exigimos una posición clara de todas las autoridades, gobiernos y organismos internacionales en rechazo al golpe, y no alentamos ninguna ilusión en las credenciales democráticas de organizaciones como la OEA o las Naciones Unidas y alertamos a todos los trabajadores a estar atentos a maniobras del imperialismo y sus aliados en América Latina.


No podemos aceptar ninguna solución para Honduras que no incorpore como una base mínima, la destitución inmediata del gobierno golpista de Micheletti, la restauración del gobierno de Zelaya y el encarcelamiento de aquellos que directa o indirectamente colaboraron con el golpe de Estado.


Esto sólo puede conseguirse de manera efectiva con la movilización de los trabajadores y el pueblo hondureño y la firme solidaridad de los trabajadores de toda América Latina y el mundo.


Tenemos que trabajar para que la acción golpista se revierta en una radicalización de la lucha de los trabajadores más allá de las reformas moderadas del gobierno de Zelaya, superando los límites del sistema político burgués y avanzando en una dirección verdaderamente democrática, anti-capitalista y socialista.


• Todo el apoyo a la resistencia de los trabajadores y el pueblo de Honduras en contra del golpe de Estado!

• Abajo el gobierno golpista de Micheletti! Por el retorno inmediato de Manuel Zelaya! Ningún acuerdo con los golpistas!

• Restablecimiento inmediato de las libertades democráticas y fin a toda la represión!

• Por la organización independiente de los trabajadores y el pueblo de Honduras en su lucha por los derechos democráticos y sociales!

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