domingo, 5 de abril de 2009

Como luchar en contra de la crisis económica

Peter Taaffe, CIT.

De la edición del marzo del Socialismo Hoy, la revista del Partido Socialista (CIT en Inglaterra y Walesa)

¿Cómo puede la clase trabajadora luchar en contra de los efectos de la peor crisis económica mundial desde los años 30? Ya hay despedidos en masa en los principales países capitalistas y en todo el mundo. Los jefes y sus gobiernos han tomado la ofensiva para hacer que la clase trabajadora y secciones grandes de las clases medias paguen para la catástrofe que ellos han creado.

El capitalismo mundial está en un callejón sin salida y sus representantes serios no ven una salida rápida. La mayoría de los comentaristas capitalistas ahora están de acuerdo con nuestro análisis, que por lo menos, esta es la peor crisis económica mundial desde la gran depresión de los años 30 y quizás podría superarla.

En un sentido, esta crisis es potencialmente peor que aquel entonces. El alcance de la globalización capitalista, que causó esta caída, es mucho más extensa y profunda que la llamada “época dorada” antes del 1929. Por esta razón, ya es la crisis económica más generalizada e internacional en toda la historia. Los EEUU, Europa occidental, Japón, Europa este, Rusia, Asia, Australasia y América Latina; todos han sido inundado por la tendencia económica descendente. Ciertamente, se ha desarrollado con una velocidad y gravedad mayor que las fases iniciales de la depresión de los años 30.

La crisis empezó en las bolsas de valores, expandiéndose al sector financiero y luego a la llamada “economía real”. Fue provocada por la caída financiera, entró a la industria, y ahora ha vuelto a atacar una vez más al sector financiero. Pero los efectos enteros de 1929 sólo fueron sentidos después de años—en el caso de Francia, dos o tres años después—mientras esta crisis ha atacado con tanta velocidad y profundidad que ha asustado, si no desmoralizado, a los representantes del capitalismo mundial. Lo que costó tres años de desarrollar en 1929 ahora podría abrirse en un año.

Esta crisis está caracterizada por la sobre-producción—la saturación de bienes—que los jefes están intentando resolver a través del desempleo masivo de la clase trabajadora. Pero también se está dirigiendo a la sobre-producción incluso entre sectores de la clase media, los cuales están siendo echados de sus sitios de trabajo junto con los trabajadores. En otras palabras, la proletarización de las capas intermedias, un aspecto del capitalismo incluso durante el auge, está avanzando de forma cualitativa. Esto, en torno, debilita las reservas sociales del capitalismo.

La capitulación de las organizaciones de trabajadores

Los capitalistas están temblando frente a las consecuencias sociales de las implosiones económicas que vendrán. Su única consolación es que no se enfrentan con una oposición organizada de la clase trabajadora, debido a la decapitación política de las organizaciones anteriores de los trabajadores, en las manos de dirigentes como Tony Blair de Bretaña y sus primos social-demócratas de Europa y otros lugares. Ellos pasaron completamente al lado de la burguesía después del colapso del Estalinismo y el tsunami ideológico, pro-capitalista que siguió. El resultado es que la masa de gente de la clase trabajadora está políticamente desarmada frente al mayor ataque a sus derechos y condiciones, ganados en la lucha dura, en la memoria viviente.

Sin dirección y organización cuando los capitalistas han usado el pretexto de la crisis para atacarnos, la rabia de las masas ha rebalsado de forma espontánea en las fábricas y las calles. Esto pasó en Irlanda mientras el gobierno buscó eliminar los beneficios médicos para los de la tercera edad. Provocó protestas intensas incluyendo la ocupación de la empresa Waterford Crystal y amenazas de ocupar la Dell, mientras los capitalistas brutales cerraron fábricas enteras con la misma facilidad con que uno cierra una cajita de fósforos. La misma escena increíble fue vista cuando terminaron las jornadas de los fines de semana en la fábrica de BMW en Cowley, Oxford, lo cual provocó protestas sin precedentes incluyendo peleas entre trabajadores y supervisores. Sin embargo, para que esta rebelión elemental de la clase trabajadora se dirija a un movimiento sostenido, se requiere un programa claro, con consignas militantes y organización.

La capitulación, también compartida por los dirigentes sindicales, de hecho ayudó a reforzar la imposición brutal de las políticas neoliberales sobre la clase trabajadora y los pobres a nivel mundial. La burguesía, ya no obligada a cuidarse de la clase trabajadora organizada y sin temor de una rebelión del movimiento laboral, avanzó por eso sin límites hacia el capitalismo no regulado. Los anteriores dirigentes de las organizaciones de trabajadores resultaron ser la quinta rueda del carro de guerra del neoliberalismo. El oportunismo completo de los dirigentes sindicales es evidente en la capitulación a los jefes y sus gobiernos mientras los capitalistas intentan echar la responsabilidad por la crisis sobre los hombros de la clase trabajadora y los pobres.

Las masas saben bien quien es responsable. En Italia, los estudiantes, un medidor de lo que se está desarrollando desde abajo, han gritado en las manifestaciones: “No pagaremos por su crisis”. Contrasta mucho con la actitud patética de los dirigentes sindicales mientras se cierran las fábricas por todos los lados y sólo escuchamos de las capas del movimiento sindical de la necesidad por “sacrificios compartidos”. Leon Trotsky escribió en los años 30 que la crisis que se enfrenta la clase trabajadora, de hecho, toda la humanidad se debió a la crisis de dirección de las organizaciones de trabajadores. La diferencia hoy, sin embargo, es que no sólo nos enfrenta una crisis de dirección sino que también de organización, o la falta de ella, para la clase trabajadora además de un programa claro.

Nunca en toda la historia la brecha—las tijeras—entre la situación objetiva del capitalismo en crisis y la perspectiva de la clase trabajadora, la ausencia de organización, en particular de partidos políticos de masas, ha sido tan evidente. Dada la propaganda sin tregua, la realidad de las políticas neoliberales de los últimos 30 años y la ausencia de una alternativa política y económica, es inevitable que todavía hay, a pesar de la severidad de la caída, una aceptación residual del “mercado”, incluso entre la clase trabajadora. Muchos están anonadados por el colapso económico. Incluso hay un punto de vista restante en muchos trabajadores que la crisis actual es algo temporal, que terminará antes del fin del año, lo más tarde, y entonces podemos volver al paraíso económico del crecimiento.

Perspectiva Económica Oscura

Estas ilusiones están promovidas por la prensa “popular” y un ala de economistas y comentaristas burgueses. No obstante, otra sección ha concluido que esta vez la fiesta ha terminado de verdad. Por ejemplo, Sean O´Grady del Independiente declaró bruscamente en enero: “El desempleo alto está aquí para quedarse”. En la gran depresión de los EEUU, el desempleo no recuperó su nivel de 1929 hasta el 1943 cuando la economía estadounidense estaba siendo sacada de la mugre económica por la horrifica segunda Guerra Mundial. Este pone en perspectiva los esfuerzos de la presidencia de Obama mientras intenta tratar con la avalancha de despedidos los cuales están subiendo a 600.000 por mes. El desempleo en los EEUU y Gran Bretaña podría alcanzar el 10% de la fuerza laboral el año que viene, lo cual hoy en día tendría efectos similares a una depresión.

Sin embargo, la situación es aún peor en otros partes del mundo, paradójicamente en particular en las partes de Europa las cuales supuestamente fueron inmunes. Los pronunciamientos del Banco Central Europea que la zona europea escaparía los peores efectos del virus saliendo de la economía estadounidense han sido reducidos a cenizas. Este continente se ha unido con la implosión general del capitalismo mundial, igual que el Japón. Las últimas previsiones para el Japón indican que el PIB podría caer casi 10%. La gran maquina exportadora que es el Japón está frenando bruscamente, bajando un 3,3% en los últimos tres meses del 2008, una taza anual de 12,7%. Comparte los problemas con Alemania, el principal poder económico de Europa, mientras los poderes menores del continente—Irlanda, España, Italia, Grecia, Portugal y Gran Bretaña—están bajo el riesgo de seguir el ejemplo de Islandia a la bancarrota nacional.

Para las masas, es como si hubiese calor y sol un día e invierno oscuro y frío el próximo, sin la transición de otoño. El destino de España lo cual, junto con Islandia, que participó más que los demás en la orgía de construcción y el auge de vivienda basado en la deuda, está manifestado en la experiencia de Zaragoza, contado en el Observador de Febrero. El colapso del auge de construcción significa que el desempleo se disparó en la ciudad a un 75% apenas en un año. España podría ver el desempleo aumentar de una ya inaceptable taza de 14% (3,3 millones de trabajadores) a 20% antes del fin de este año. La clase trabajadora está furiosa de que tendrá que aguantar el costo, con manifestantes saliendo a las calles exigiendo “¡Huelga!, ¡Huelga!, ¡Huelga!”

España es sólo un ejemplo de lo que podría pasar en una serie de países, lo cual en el transcurso del tiempo, provocará explosiones revolucionarias. Si una dirección conciente no está dada, entonces habrán disturbios y una sección de jóvenes podría incluso estar seducido por el camino del terrorismo, lo cual es un callejón sin salida. Los eventos explosivos en Grecia revelan que los sentimientos a favor del terrorismo y anarquismo serían evidentes a una cierta etapa. La acción de las masas, liberado de la influencia paralizadora de los dirigentes oportunistas, es el único camino adelante.

Las huelgas de las refinerías británicas: confusión y claridad

Una expresión de la indignación estaba presente incluso en la erupción de huelgas desde los trabajadores de construcción de las refinerías de petróleo y las fábricas de electricidad en Gran Bretaña. Fue una prueba del laboratorio para medir la conciencia de la clase trabajadora y cómo las diferentes tendencias se respondieron a esta prueba. Dada la noche oscura del neoliberalismo, sería completamente utópico de esperar que no existieran elementos del nacionalismo y hasta racismo en la consciencia de algunos trabajadores, en algunas instancias tal vez en la mayoría. Esto, sin embargo, no fue el caso en esta disputa como hemos demostrado en nuestro periódico semanal, El Socialista. Fue, en su esencia, una huelga en contra de la ´carrera hacia abajo´ de los capitalistas para imponer salarios de esclavitud, orquestado por los jefes a nivel europeo a través de legislación anti-trabajadora y la misma Unión Europea.

Fue distorsionado en las cabezas de algunos trabajadores hacia el nacionalismo, expresado en la consigna, “Trabajos británicos para trabajadores británicos”. Fue usado la primera vez por el primer ministro Gordon Brown en una conferencia del Nuevo Labor, en un intento de sobrepasar al ultra-derecha Partido Nacional Británico (BNP). Sin una dirección clara, esta reacción inicial de los trabajadores, no sólo en Gran Bretaña sino que en otros lugares, no es una sorpresa. Pero esto fue una característica mínima de la huelga, y pronto fue borrada por la intervención de socialistas más concientes, particularmente del Partido Socialista, los quienes lucharon por los mismo derechos, salarios y condiciones para los trabajadores migrantes. En la revolución rusa, los consejeros generales del zar, temieron la presencia de un solo Bolchevique quien podría actuar como ´un cristal en una solución saturada´ como dijo Trotsky, capaz en un ambiente caliente de atraer la mayoría a su lado. Vimos algo similar en esta huelga con los socialistas y Marxistas, algunos del Partido Socialista, minando completamente cualquier aspecto de nacionalismo o racismo. Una solidaridad clara fue expresada con los trabajadores migrantes, incluso con la producción de un volante en italiano exigiendo que todos los trabajadores recibieran el mismo salario para el trabajo.

Como es de esperar, algunos grupos ultra-izquierdistas sin una presencia real o ni siquiera un oído prestado para escuchar las ideas de los trabajadores tomaron una posición completamente falsa. El Partido Obrero Socialista (SWP), por ejemplo, se enfocó en criticar y enfatizar la idea de “trabajos británicos para trabajadores británicos” como si fuese la característica principal de la huelga. Ignoraron el hecho de que los miembros del BNP que llegaron a la línea de la piqueta fueron sacados a la fuerza por los trabajadores. Además, la huelga increíblemente alcanzó un elemento de control obrero y del sindicato con respeto a la asignación de nuevo empleos. Por supuesto, ganar una batalla no termina la guerra. Pero los trabajadores en esta industria y los otros ahora tienen un ejemplo vivo de cómo luchar para defender los estándares de vida de los trabajadores y, a la vez, superar las divisiones nacionales o raciales en una situación complicada y, de hecho, asegurar una victoria para la clase trabajadora.

Después de la huelga, el servicio de ´conciliación´, ASAS, ha concluido que los trabajadores extranjeros contratados no recibieron sueldos más bajos que los trabajadores británicos. Esto no es verdad, pero lo que está completamente olvidado es que los trabajadores de la agencia quizás formalmente algunas veces reciben el mismo sueldo que un trabajador ´domestico´ o permanente para su sueldo semanal o mensual. Pero no reciben pagos para descanso, vacaciones o los otros beneficios que a nivel mundial los jefes están intentando borrar para aumentar su taza de ganancia. La misma se aplica a esta disputa. Esto ha sido cubierto por el ASAS y aceptado por los burócratas de los sindicatos, los cuales no fueron exactamente ´heroicos´ durante la huelga, preocupándose de mantenerse a la distancia de la acción no oficial que podría haber violado las leyes anti-sindicatos ultra-derechistas de Gran Bretaña. Esta disputa principalmente subrayó la consecuencia positiva de la experiencia de los trabajadores en lucha y la intervención de socialistas y Marxistas para erradicar los aspectos secundarios del nacionalismo.

La mayoría de los grupos ultra-izquierdistas no tienen la menor idea de cómo se desarrollará un movimiento de masas, en particular dado el carácter del último periodo. No será de una forma limpia y directa sino que, como Oliver Cromwell se describió a si mismo, con “verrugas y todo”. Si estos ultra-izquierdistas habían estado presentes en el inicio de la revolución rusa de 1905, su punto de salida hubiera sido, sin duda, de condenar al Padre Gapon, el sacerdote quien inicialmente se dirigió a las masas en la primera manifestación bajo la bandera del zar, con una petición al “Padre Pequeño”, el zar. En contra de Vladimir Lenin quien abogó por la participación en el movimiento e incluso conversó y colaboró con Gapon en las fases iniciales de la revolución, los ultra-izquierdistas habrían exigido que el sacerdote fuese quitado de la demostración como una precondición para su participación. ¿Cómo hubieran reaccionado a las manifestaciones de masas de católicos y protestantes de James Larkin en el 1907 con las bandas Naranjas y Verdes unidos en la lucha en contra de los jefes?

Mientras no hacer ninguna concesión a los prejuicios raciales o nacionales, es necesario, en particular debido al periodo de que justo hemos salido, que los socialistas traten la conciencia política actual de la clase trabajadora con mucha capacidad y diplomacia. No tenemos el lujo del sabio ruso quien contestó a la pregunta, ´¿Cómo llego a Moscu?´ contestando, ´no empezaría desde aquí si fuese tu.´ La clase trabajadora, particularmente después de un periodo de una supuesta paz social, nunca surge a luchar completamente formada, como Minerva de la cabeza de Júpiter.

Odio amargo entre las clases

Hay una rabia creciente dentro de la clase trabajadora, manifestado por la característica semi-insurreccionaría en Grecia el año pasado y las enormes huelgas anti-Sarkozy que estremecieron a Francia el 29 de enero (y otra vez el 19 de marzo). Hace no mucho tiempo, Nicolas Sarkozy abucheó que, a pesar de sus ataques en contra de los trabajadores franceses y los jóvenes, ´¿Dónde están las huelgas?´ Recibió sus respuesta la rebelión elemental de estas huelgas, los cuales excedieron por mucho la extensa y cantidad esperadas por los organizadores de la dirección sindical. Más de dos millones de trabajadores salieron a las calles de las ciudades de Francia (¡y más de tres millones el 19 de marzo!). Sarkozy, sintiendo la energía explosiva subyacente ante las huelgas, inmediatamente dio concesiones a los estudiantes como una forma de cortar el movimiento. No previno que las huelgas tomaran lugar, lo cual hace recordar un poco él mismo la huelga general de 1968.

Existe, sin embargo, incluso en Francia, la cual todavía está en la vanguardia del movimiento de trabajadores en Europa, diferencias importantes en cuanto a la conciencia de la clase trabajadora de 1968 y ahora. Paradójicamente, la situación económica es mucho peor ahora para el capitalismo que en 1968 cuando la huelga general más importante de toda la historia tomo lugar en medio de un auge económico. En este entonces, hubo una conciencia general socialista y hasta revolucionaria entre los trabajadores y socialistas. Dado lo que ha ocurrido durante las últimas tres décadas combinado con, como hemos dicho, la capitulación de los dirigentes de las organizaciones de los trabajadores al capitalismo, no es difícil entender porque la conciencia está atrás de la de 1968. Hay perspectivas mezcladas y una cierta confusión política.

Sin duda, hay un odio muy amargo entre las clases en los países capitalistas avanzados hacia los que están vistos como los autores principales de la presente catástrofe económica, en particular a los financieros y banqueros. Juicios semi-públicos han tomado lugar en el parlamento británico y el congreso estadounidense. La furia de las masas fue expresada en Francia en las calles pero, al inicio, fue claramente dirigido en contra de los banqueros y la figura de Sarkozy, pesa a sus intentos demagógicos de separarse de los banqueros. Si incluso en Francia no hay todavía una conciencia anti-capitalista general, entonces quizás aun menos existe en los otros países europeos.

En Grecia, la situación es algo diferente, con elementos pronunciados de una situación pre-revolucionaria ya presentes. Esto está reflejado en la bancarrota total de la burguesía griega y su estado, la desesperación de la masa de la clase trabajadora y la juventud frente a su condición de pobreza y su disposición a luchar, como mostraron las tres huelgas generales que ha habido hasta ahora. También, está reflejada en la incapacidad completa de los partidos oficiales del capitalismo—Nueva Democracia y el ex-socialista PASOK—y el ascenso correspondiente del nuevo partido de trabajadores, SYRIZA. Esto está combinado con un futuro económico oscuro frente a Grecia. Tan desesperada es la situación económica que el nivel de su economía ha sido disminuido por la agencia Moody´s, lo cual podría presagiar un rechazo de las inversionistas capitalistas de comprar la deuda del gobierno. Esto podría dirigirse hacía el colapso económico y, en torno, podría causar la salida o expulsión de Grecia de la zona europea.

También, podría anunciar una serie de bancarrotas nacionales parciales o totales, como vimos en los años 30 en Europa y las regiones neo-coloniales como América Latina. Grecia podría ser acompañado fácilmente por España, Portugal y incluso Irlanda si los compradores de bonos hacen huelga y rechazan comprar la deuda gubernamental. Enfrentándose con esta situación, la clase dominante sin duda tomaría medidas aún más salvajes de atacar los salarios y condiciones de la clase trabajadora. Las condiciones de la clase trabajadora en esta situación del capitalismo pudriéndose es como un hombre en una escalera mecánica yendo abajo desesperadamente corriendo sólo para mantener su posición.

El capitalismo desacreditado

De forma calma y lúcida, los ideólogos del capitalismo debaten las méritos de deflación—precios cayéndose, cortes en la producción y desempleo masivo—verso inflación—un incremento de los precios—como la mejor forma de preservar su posición. Deflación e inflación son la cara y cola de la misma moneda capitalista, y la clase trabajadora está designada a pagar. Esto fue mostrado por un escritor de los Financial Times quien tranquilamente declaró que las empresas se beneficiarán de la inflación porque una porción de su deuda desaparecerá, beneficiándose a las empresas con deudas con intereses fijos. Por el otro lado, “Inflación más alta permite que más empresas y trabajadores se acuerden con cortes reales a los salarios que sería posible en otros casos. Ambos casos son inútiles para esas empresas que ahora no están competitivos y preferible para la sociedad [capitalista], porque cortes salariales son más equitativos que el desempleo”. En otras palabras, la clase trabajadora tiene que pagar, la ganancia tiene que ser mantenida, si no aumentada, al costo de la clase trabajadora.

Obviamente, el capitalismo y junto con ello la clase trabajadora han entrado en una nueva época brutal. La pregunta ardiente es como cerrar la brecha entre la situación objetiva subyacente, de la crisis prolongada del capitalismo, de hecho una serie de crisis, y cómo hacer la consigna de la juventud italiana ´No pagaremos por su crisis´ una realidad concreta. De lo que se trata aquí—como las huelgas recientes en las refinerías británicas y la explosión de rabia en Cowley frente el despedido sumario de 850 trabajadoras con un aviso de sólo una hora muestran— la necesidad de un programa de lucha. Obviamente, tenemos que hacer el caso, para un cambio general del capitalismo obsoleto a una nueva sociedad socialista.

Esta crisis es la prueba, si todavía fuese necesario, que auge y crisis, el ciclo económico del capitalismo explicado por el Carlos Marx y tan ridiculizado por la mayoría aplastante de opiniones ´intelectuales´ en el último periodo, ha re-asegurado su validez. La desigualdad no puede ser superado dentro de la marca del capitalismo más que Canute podía hacer retroceder las olas. Desigualdad es la esencia del capitalismo, revelado claramente en la relación entre los trabajadores y los capitalistas. Como Marx señaló, los capitalistas compran el poder laboral de la clase trabajadora para explotarlo. La clase trabajadora sólo recibe una porción del nuevo valor que ha creado, el restante (plusvalía) siendo labor no-pagado, la ganancia generada por los capitalistas. La lucha de clases, como Trotsky indicó, es nada más que la lucha sobre la distribución de la plusvalía. La máxima lucha que hay sobre esta plusvalía—en particular cuando las ganancias se paran o bajan, como es el caso ahora—la más intensa es la lucha de clases. El punto de partida de la clase trabajadora en esta situación tiene que ser una determinación de resistir los ataques del capital, para defender todos los avances del pasado, antes de seguir haciendo nuevas conquistas.

Al contrario de lo que arguyen los ideólogos burgueses, el capitalismo, particularmente en su fase neoliberal, no es el mejor vehículo ni el más eficiente para maximizar la producción y distribuir los productos con los pueblos del mundo. La idea de que el capitalismo es un sistema sin problemas, no susceptible a crisis bruscas, la cual fue muy promovida después del colapso del muro de Berlín, ahora está completamente desacreditado. Escondido de las miradas de la clase trabajadora en las páginas de sus revistas ´de calidad´, los defensores del capitalismo admiten esto. “Conservadores…creen de verdad en el sistema capitalista. Cualquier persona que entiende el capitalismo sabe que está programado de fallar de vez en cuando. Las enseñanzas económicas conservadores mantienen que recesiones son muy similares al clima. Podría ser posible mitigar sus efectos, pero imposible de cambiar su naturaleza” (Peter Oborne, columnista derechista para el Daily Mail).

Una propuesta transicional

Ninguna mención de un futuro brillante: si el capitalismo se rompe, nosotros, la clase trabajadora, tenemos que pagar. Esta es la esencia del escenario tempestuoso del clima, un mundo dónde el estado funciona como el paraguas del capitalismo mientras los trabajadores están mojados hasta los huesos en la forma del desempleo masivo.

¡No pagaremos! Tenemos que exigir un sistema que sea humano y totalmente nuevo. El socialismo tiene que ser la política de la clase trabajadora. Hasta el Newsweek (revista popular de EEUU) declaró: “Todos somos socialistas ahora.” Desafortunadamente, esto todavía no es el caso para la mayoría aplastante de las víctimas del sistema, la clase trabajadora y los pobres. Por lo tanto, mientras exigimos una economía socialista, democráticamente planificada, como la corona del programa de los socialistas y Marxistas, es necesario proponer demandas transicionales de lucha de acuerdo con la situación corriente.

En la social democracia pre-1914, este tipo de propuesta fue considerado innecesario. Su programa fue dividido en un programa máximo, la idea del socialismo, y un programa mínimo, cotidiano. Esto cambió decisivamente con el inicio de la primera guerra mundial la cual se dirigió a las explosiones revolucionarias en Rusia y las luchas de masas y olas revolucionarias las cuales se detonó después de la revolución del 1917 por toda Europa y el mundo. En esta situación diferente, la lucha por reformas básicas e incluso la defensa de los logros del pasado, se enfrentaron directamente con los límites del mismo sistema capitalista. Los Bolcheviques, por eso, formularon el programa de transición como un puente—tomando en cuenta las demandas cotidianas de la clase trabajadora—del nivel de conciencia existente hacia la idea de la revolución socialista. Fue necesario aún durante la revolución rusa debido a las perspectivas diferentes y dinámicas de las secciones diferentes de la clase trabajadora. Fue resumido en el boletín maravilloso de Lenin, La Catástrofe Amenazante y Cómo Evitarla.

Siguiendo los pasos de Lenin, Trotsky formuló para la Cuarta Internacional revolucionaria el Programa de transición: la Agonía del capitalismo y la tarea de la IV internacional. Fue adoptado en el año 1938 en la víspera de lo que Trotsky anticipó correctamente sería una guerra mundial devastadora. De este incendio vendría una ola revolucionaria y el programa de transición y sus demandas podrían jugar un rol clave en este proceso. Una ola revolucionaria apareció pero la social democracia y el Estalinismo intervinieron para salvar el capitalismo en la situación pos-guerra. Esto en torno, echó las pre-condiciones políticas para el auge, los fuegos artificiales económicos espectaculares, los cuales se desarrollaron entre el 1950-1975. Por eso, las ideas de Trotsky, las cuales fueron formadas para una época revolucionaria, nunca fueron implementadas de forma completa en este periodo.

Algunos, como el SWP, por lo tanto descartaron ambos el programa de transición y el enfoque transicional. Nosotros defendimos el método de Trotsky pero reconocimos que fue necesario modificar algunas de las demandas para condiciones diferentes, presentados por el auge. La situación corriente en la que se enfrenta el movimiento de trabajadores en Bretaña, Europa y por todo el globo, sin embargo, significa que esta propuesta, si no todas las demandas del año 1938, está ahora vitales en la lucha presente. De hecho, es más relevante ahora que cuando fue escrito en 1938 porque las condiciones que se están desarrollando están similares al periodo anticipado. Trotsky exigió, por ejemplo, ´trabajo o mantenimiento completo´ frente al desempleo masivo endémico. Hoy exigimos, ´trabajo útil, o un ingreso vital´. La clase trabajadora rechaza aguantar los costos de esta crisis. ¡Qué paguen los jefes! ¡Si no pueden garantizar una existencia mínima para la clase trabajadora, entonces no podemos aguantar su sistema!

Nacionalización

También es necesario en este periodo explosivo de levantar las demandas parciales de la clase trabajadora al nivel de ambos salarios y condiciones, pero también involucrando la acción o inacción gubernamental. Una prueba de esto es la rabia ardiente dirigida en contra de los bancos, no sólo los ladrones que han sido atrapados, como Bernard Madoff y Allen Stanford (quienes estafaron billones de dólares) la rosca completa que ha dirigido industrias completas a la bancarrota y amenazan de llevar al abismo toda la sociedad, incluyendo la clase trabajadora. Han permitido que el estado intervenga para rescatarles mediante paquetes masivos de rescate. Pero el candidato presidencial perdedor de los republicanos derechistas, John McCain, está lejos de ser agradecido. Ha descrito el incremento de la deuda estatal como “un robo generacional”. ¿Pero no fue su compañero, vice-presidente anterior, Dick Cheney, quien declaró que “Reagan probó que deudas [del gobierno EEUU] no importan”? Todavía no ha impedido a McCain, junto con otros republicanos, de considerar la nacionalización completa de los bancos.

Los políticos capitalistas pueden aceptar un rescate estatal, por tanto tiempo que siga líneas completamente capitalistas y con la perspectiva de devolver las industrias “nacionalizadas” en el futuro a los mismos intereses privados que las arruinaron en el primer lugar. Algunos comentaristas en Gran Bretaña prevén que los bancos podrían ser nacionalizados y quedarse en el sector estatal por una estimación de nueve años.

La hipocresía de McCain y su preocupación tan emocionante para las generaciones futuras está revelada por los gastos colosales de la guerra en Irak, alrededor de $3 trillones de dólares, los cuales apoyó 100%. La corrupción de Madoff no es nada en comparación a la estafa del efectivo gubernamental de parte de la industria privada de construcción para “reconstruir Irak”. Patrick Cockburn en el Independiente comentó: “El robo verdadero de Irak después de la invasión fue por los oficiales estadounidenses y no por los ladrones de Baghdad.” En un caso, auditores trabajando por el gobierno dijeron “que $57,8 millones de dólares fueron entregados sobre palé tras palé de billetes de cien dólares al revisor de cuentas de Irak del sur-centro…quien le hizo que sacaran una foto de el mismo en frente del montón de dinero”. Aunque la magnitud del robo probablemente nunca será revelado por completo, hasta $125 billones de dólares simplemente han desaparecido. Esto es sólo un ejemplo de la forma en que los capitalistas, no sólo en los EEUU, por en todo el mundo, utilizan el estado como su cajero privado.

La demanda, en Gran Bretaña y los EEUU en particular, no es para rescatar a los banqueros sino a la clase trabajadora y las clases medias. Incluso la demanda para la nacionalización—porque está enfocado en los banqueros quienes están vistos como los responsables de todos los problemas y los cuales Obama y el gobierno de Brown quizás estarán forzados de realizar a pesar de no querer—no son tan populares como en periodos previos. Esto es porque la experiencia de las nacionalizaciones parciales hasta ahora en Bretaña y de facto en los EEUU ha alienado la opinión pública de las masas. La dirección de estas empresas parcialmente nacionalizadas se queda enteramente capitalistas de carácter. No hubo celebraciones similares a las que acompañaron la toma de las minas en el 1948 de parte del gobierno laborista que la de este entonces, con las banderas rojas volando y grandes esperanzas para el futuro de la clase trabajadora. Esto es porque, por ejemplo, la toma estatal de Northern Rock fue marcado con ejecuciones, el despedido de 4.000 trabajadores y, luego, los bonos lujosos para algunos de los capitalistas que siguen controlando este banco. Esto es una forma del capitalismo estatal, no un paso a la dirección del socialismo, como apoyaron hasta los socialistas reformistas del Partido Laboral del pasado, cuando fue un partido de trabajadores de base.

La necesidad de planificación democrática

Por otro lado, el ´mercado´ no ofrece ninguna alternativa. En la Gran Bretaña de 1999, por ejemplo, dos tercios de los trabajos creados no fueron en el muy glorificado sector ´emprendedor´ privado sino que en el sector estatal. Eso por si mismo es una confesión de bancarrota por el capitalismo. Además, las estructuras de la industria privada no son de ninguna manera un ejemplo de la ´meritocracia´ amada por los defensores del mercado. De hecho, tan convulsivos han sido los efectos de la crisis que más y más escritores capitalistas han revelado el carácter real de las condiciones y el manejo, los cuales son aspectos intrínsicos del neoliberalismo. Por ejemplo, Simon Caulkin en el Observer compara la estructura de la gran empresa, incluyendo el Telecom británico, lo cual, ha sido revelado, el gobierno tiene planes de re-nacionalizar en el caso de su colapso—como más un reflejo de la imagen de Estalinismo que la imagen idealizada de la empresa capitalista. Son, de acuerdo con él, “como zombies en su similitud estructural y estratégico” con el Estalinismo.

Declara, de forma bastante brusca, de los gerentes: “Con sus caras hacia él [jefe ejecutivo] y sus traseros hacia el consumidor” la mayoría de los gerentes están más preocupados con sus metas de ganancia que la producción de un producto valeroso. La corporación más eficiente y tradicional, General Electric, “gasta 40%--es decir, $60 billones—de sus ingresos en administración y gastos indirectos…los gerentes de las grandes corporaciones occidentales tienen mucho más en común con los aparatos de las economías del mandato que está reconocido.” ¡Cuán más barato y eficiente sería tomar control de estas empresas, establecer un sistema de control y manejo de los trabajadores, e instalar una economía socialista planificada!

El artículo de Caulkin es ambos una concesión al argumento de Marx que el manejo interno de incluso una fábrica capitalista—Marx estaba hablando de las condiciones del siglo XIX—fue un ejemplo de planificación. El sistema de fábricas, Marx dijo, aplicado a la economía y al mundo completo, representaría la planificación democrática socialista mediante la eliminación del mercado. Ahora, irónicamente, las corporaciones gigantes—monopolios—tienen una burocracia jerárquica pesada según las líneas de la vieja Unión Soviética. La solución se encuentra no con el Estalinismo o con el ´mercado´ de los capitalistas sino que con la planificación democrática socialista. Esto requiere que se abran los libros de contabilidad a la inspección de los representantes de los sindicatos y las organizaciones de la clase trabajadora, pequeños comerciantes, etc. para informar a la gente trabajadora de la situación verdadera para realizar dicha planificación.

Cerrando la brecha

La necesidad de un programa de transición en esta época se presenta debido a la conciencia mezclada de la gente de la clase trabajadora. Esta conciencia se temblará y cambiará en el transcurso de los eventos. Pero el desarrollo de una conciencia socialista completa y formada, primeramente de las capas más desarrolladas políticamente y luego de las masas de la clase trabajadora, puede ser facilitado enormemente por una enfoque transicional—por adoptar el método de León Trotsky actualizado y complementado por la experiencia de la clase trabajadora misma en la lucha. Este provee el puente de la conciencia de la gente trabajadora de hoy, a la idea del cambio socialista. Los sectarios no necesitan dicho puente porque no tienen ninguna intención de pasar de la oficina, el asiento y la línea de banda para interactuar con la clase trabajadora y, junto con ella, ayudar a cambiar la conciencia y aumentar la identificación con el socialismo.

Hemos entrado una nueva época para la clase trabajadora de Gran Bretaña, Europa y el mundo. Incluso si Obama logra poner un colchón bajo el capitalismo estadounidense y por eso el mundo a través de los paquetes de rescate—y esto no es nada seguro—la situación que aparecerá de causa de esta crisis será completamente diferente a la que existió antes de ella. A lo mejor, la economía mundial experimentará un crecimiento anémico con la mantención terca de desempleo masivo. Esto, como la flacidez de un cuerpo viejo, es un síntoma de un organismo en declive. El capitalismo, sin embargo, no desaparecerá de la escena de la historia automáticamente. Es necesario forjar un arma poderosa de masas lo cual será facilitado por subir el nivel de comprensión de gente de la clase trabajadora—ayudado por un programa de transición—lo cual podría proveer la mano de ayudar para que este sistema fracasado se transforme al socialismo.

Sin tal enfoque, existe el peligro de que no sea inmediatamente evidente a la gente trabajadora, aún enfrentándose con la presente catástrofe económica, cual es la alternativa. En la industria, por ejemplo, donde los salarios han sido cortados debido a despidos masivos, hay una comprensión instintiva de parte de los trabajadores que no hay “mercado” para sus productos actuales. Pero, dado la técnica y capacidad alta que existe, costaría muy poco convertir la industria de autos, con un mercado que se enfrenta una sobre-producción masiva y una saturación, para producir bienes útiles, incluso vehículos verdes que no se dañan el medioambiente. La población mundial necesita estos urgentemente en el contexto de un sistema del transporte sostenible y no contaminante. Este cambio de producción fue logrado al inicio de la segunda guerra mundial pero es francamente imposible dado el caos del capitalismo hoy en día. Asimismo, presenta la demanda para una sociedad alternativa socialista.

La brecha entre la situación objetiva cada vez peor y la conciencia de la clase trabajadora se cerrará en el próximo periodo. Los eventos—y eventos explosivos de verdad—ayudarán a asegurar esto. Al borde de la brecha, la masa de trabajadores se enfrentarán con el sistema capitalista—algunas veces sin una idea clara de lo que lo reemplazará. El viaje a una conciencia socialista y revolucionaria será mucho más corta, el dolor mucho menos, si la clase trabajadora abraza el método tradicional y un programa de transición ligando las luchas cotidianas con la idea del socialismo.

¡No a cualquier costo de la crisis puesta a las espaldas de los trabajadores! ¡No al desempleo masivo, particularmente la posibilidad de una nueva generación desempleada de forma permanente! Nacionalicemos los bancos pero con formas de organización socialistas y democráticas, incluyendo la participación de representantes de la clase trabajadora, los sindicatos y pequeños comerciantes, etc. Un sector estatal socialista y democrático, por si mismo, mostrará la validez de avanzar a más nacionalizaciones, incorporando las grandes alturas de la economía. En este camino, la esperanza está ofrecida a la gente trabajadora frente al callejón sin salida del capitalismo mundial estancando y degenerándose.

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